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24 de marzo 2015 - 21:28

Hermano de Ángeles recordó que Mangeri "estaba nervioso"

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El hermano mayor de Ángeles Rawson ratificó que cuando él declaraba en la fiscalía por el crimen de su hermana escuchó al imputado Jorge Mangeri en otro cuarto "muy nervioso" mientras lo interrogaban por lo que concluyó que "estaba hasta las manos" en la causa.

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Se trata del empleado bancario Jerónimo Arellano Villafañe (26) hermano por parte de madre de Ángeles, quien relató en el juicio oral por el crimen de su hermana el episodio ocurrido durante la noche del viernes 14 de junio, cuando él declaraba en un box de la fiscalía de instrucción 35 porteña.

Dijo que alcanzó a reconocer "la voz de Mangeri" mientras este declaraba en otro ambiente, porque, detalló, "son oficinas con paredes de durlock y se escuchaba con bastante claridad".

"Escuché la voz de Mangeri con un tono de voz muy nervioso, negándose a mostrar unas heridas que supuestamente le habían hecho" y "la fiscal le preguntaba ¿por qué no?", afirmó.

El testigo añadió que de la oficina donde declaraba Mangeri "salió (Paula) Asaro, entró un médico", aparentemente para revisarlo, que luego entraron dos más, y que escuchó que "las heridas eran de más tiempo del que él decía".

Precisó que cuando él terminó de declarar y salió al pasillo de la fiscalía, vio que su madre, María Elena "Jimena" Aduriz, estaba sentada junto a la esposa de Mangeri, Diana Saettone, por lo que decidió apartarla para decirle algo.

"La llamé a mi mamá que estaba con Diana. Le dije que no se pegara mucho porque Jorge estaba hasta las manos", explicó. Cuando el fiscal Fernando Fiszer lo consultó acerca de por qué a su juicio "estaba hasta las manos", Arellano Villafañe contestó: "Por cómo se puso él y cuando escuché al médico que no concordaban el tiempo de las lesiones".

Cuando el abogado querellante, Pablo Lanusse, le preguntó cómo era Ángeles, respondió: "Era divina, mi debilidad. Tenía un carácter fuerte y se hacía escuchar, respetar. Contenedora con sus hermanos, una alumna excepcional. No puedo describirla, era divina". Al término de su declaración, se abrazó con su madre en un pasillo y junto a ellos pasó Saettone, quien en voz baja y tono irónico les dijo: "Muy bien diez felicitado".

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