La conversión
de Tony
Blair revela
una tendencia
que está
en auge en
Inglaterra
donde el
catolicismo
ya es la
religión más
popular.
Londres (Reuters, EFE, ANSA) - La conversión del ex primer ministro británico Tony Blair al catolicismo es un hecho resonante, pero que excede una decisión meramente individual. Indica, por el contrario, el auge de una fe que se ha convertido, de manera sorprendente, en la religión más popular en el Reino Unido.
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Según un informe del grupo Estudios Cristianos publicado ayer en el periódico «Sunday Telegraph», cerca de 862.000 devotos fueron a un servicio católico cada semana en 2006, superando a los 852.000 que fueron a los de la Iglesia de Inglaterra.
Oficialmente, Inglaterra se separó de Roma durante el reinado de Enrique VIII, hace más de 400 años, lo que marcó la predominancia de la Iglesia de Inglaterra y del anglicanismo. Hasta ahora.
El estudio se publicó luego de que Blair, criado como anglicano, hubo anunciado el sábado- su conversión al catolicismo,uniéndose a su esposa Cherie y a sus cuatro hijos, fieles de esa fe.
La asistencia a las iglesias anglicanas se ha reducido en casi 50% durante los últimos cuarenta años. Sólo 6% de la población británica va regularmente a misa. En Estados Unidos, dicha cifra es cercana a 40%.
En tanto, las cifras de presencia tanto en iglesias católicas como anglicanas cayeron, pero los números de los católicos han bajado menos gracias a la llegada de inmigrantes provenientes del este de Europa y zonas de Africa.
«Cuando un ex primer ministro se convierte al catolicismo, debe ser una señal de que el catolicismo realmente está resucitando en este país», escribió la editora del periódico católico semanal «The Tablet», Catherine Pepinster, en el «Sunday Telegraph».
Mientras tanto, el cardenal Cormac Murphy-O'Connor, jefe de la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales, describió la primera misa que recibió Blair como «emotiva». A la ceremonia, oficiada el viernes último en la Casa del Arzobispado en Wesminster, Londres, asistieron la esposa y los hijos del ex premier.
El Vaticano elogió la decisión de Blair, actual enviado especial del Cuarteto para Medio Oriente, de convertirse al catolicismo, aunque la medida generó críticas por parte del anglicanismo inglés.
Un vocero del papa Benedicto XVI declaró que « semejante personaje de autoridad» elija sumarse a la Iglesia Católica «sólo puede generar alegría y respeto».
Pese a la euforia, algunos grupos católicos recordaron que el gobierno de Blair aprobó políticas opuestas a los principios de esa fe, como las investigaciones con células madre y el derecho de los homosexuales a la adopción de niños. Además, durante sus mandatos no se restringieron las leyes abortistas, y el Reino Unido atacó a Irak en claro desafío a la postura del Vaticano.
El deseo de Blair, de 54 años, de convertirse a la fe católica ha sido un secreto a voces durante años, toda vez que el ex primer ministro ha asistido a misa de forma regular junto a su esposa y sus hijos. Si no ocurrió durante sus diez años en el número 10 de Downing-Street, pudo deberse, según la prensa británica, a que ello habría creado un conflicto con la Iglesia Anglicana, ya que es el primer ministro quien elige a los obispos de esta confesión.
Aunque por ley no está prohibido que un primer ministro sea católico, ningún político de esa fe ha ocupado nunca la jefatura del gobierno británico. Tan sólo el rey (o la reina) de Inglaterra, como cabeza de la Iglesia Anglicana, y sus cónyuges no pueden ser católicos en virtud de una ley aprobada tras la llamada Gloriosa Revolución, que derrocó al último rey católico de este país, Jacobo II, en 1688.
Los rumores y las conjeturassobre la conversión de Blair al catolicismo se dispararon hacia el final de su mandato y marcaron su entrevista con el papa Benedicto XVI en junio pasado, pocos días antes de dejar el poder.
Según la prensa británica, Blair veía en esa visita una oportunidad perfecta para hacer ese anuncio histórico, pero fue disuadido por el primado católico de Inglaterra y Gales, que lo acompañó al Vaticano.
El cardenal Murphy-O'Connor hizo ver a Blair que sería poco sensato aprovechar una ocasión de tanta repercusión internacional para anunciar algo tan privado y le recomendó que esperara hasta dejar el poder, de acuerdo con una información publicada en noviembre pasado por el periódico «The Sunday Telegraph».
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