26 de enero 2006 - 00:00

La culpa es suya si le roban en Maldonado

Sí leyó bien el título. Si en las arenas del Este le roban es porque Ud. se descuida y no porque falte seguridad. Es la opinión de la jefa de policía de Maldonado, Graciela López, quien dice que la mitad de los robos ocurre por descuido o negligencia de las víctimas. Esto es ver el mundo al revés y no al derecho. Esto es invertir ya no la carga de la prueba sino la carga de la culpa. Esto es tomarles el pelo a los veraneantes y atentar contra el turismo, es decir, contra el mentado Uruguay productivo.

La jefa intenta justificar lo injustificable, pues las cifras cantan el fracaso de la policía fernandina: en diciembre 2004 hubo 272 hurtos; en diciembre 2005 fueron 652. Eso es más que duplicarse en un año en cuyo transcurso sonaron todas las alarmas posibles sobre la inseguridad en Punta del Este, incluidas las alertas de esta columna de los viernes, carta de lectores, múltiples SOS enviados al Ministerio del Interior y hasta un llamado al ministro para que le cuente al Parlamento qué está pasando. Pero el incombustible ministro José Díaz defiende a su jefa y a su plan «Verano Azul», nombre tomado de aquella teleserie del barco de Chanquete, y el no nos moverán que tan grato debe sonar aún en oídos progresistas hoy subidos al puente de mando, aunque manden poco y mal. Porque los récords siguen cayendo en Punta del Este: 50 robos en un weekend, un collar de brillantes valor 100.000 dólares arramblado por los cacos, cajas fuertes destripadas y un coro de lamentos que incluye a dueños de inmobiliarias, a un ex intendente de Maldonado, al político argentino Eduardo Amadeo y a otros turistas ilustres que, al decir de la jefa, se descuidaron.

Lo que en verdad no hay que descuidar es a Maldonado, una mina de oro en la cual se están alzando 831.000 metros cuadrados de nueva construcción. Ese imán para la inversión externa necesita de la seguridad tanto como del sol y la playa,algo que no captan quienes autorizan las marchas gremiales por Punta del Este, tan en boga en esta era de fomento del sindicalismo airado. El caso de los policías bramando sus reclamos por el balneario 15 días atrás es un ejemplo de lo que no debe permitirse. ¿Algo puede espantar más a los turistas que las protestas callejeras de sus supuestos protectores?

En fin, en tiempos de permisividad vale todo. Ahora, la jefa de policía de Maldonado creó un grupo de asistentes sociales y psicólogos para que conforten a las víctimas de la delincuencia. Loable iniciativa, pero cuánto mejor sería que en vez de llorar sobre leche derramada se concentraran primero en bajar la tasa de delitos contra los turistas descuidados.

Antonio Mercader

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