Un nuevo informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) aseguró que las desigualdades entre los jóvenes no se limitan al acceso al estudio o empleo. Por el contrario, estas inequidades "se acumulan desde el hogar de origen" y alcanzan al bienestar psicológico, los vínculos sociales y las experiencias de violencia de género.
Las desigualdades entre los jóvenes se acumulan desde el hogar, según la UCA
En materia educativa, el informe sostuvo que las brechas "son contundentes": "Mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria". En cuanto a lo laboral, apenas "el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo pleno de derechos".
En materia educativa, mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria.
Mariano Fuchila
"La desigualdad resulta todavía más evidente cuando se observan conjuntamente educación y trabajo", sostuvo el documento y detalló que uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, pero esta situación alcanza "al 34,2% de los jóvenes del estrato muy bajo frente al 8,3% del medio alto".
A su vez, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar cae del 41,2% al 15,6% entre ambos extremos sociales. En cuanto al empleo pleno de derechos, este es minoritario entre los jóvenes:
- alcanza apenas al 14,2%;
- el 22,5% combina empleo irregular y desempleo reciente;
- otro 10,7% permanece desempleado por más de seis meses.
Finalmente, las desventajas laborales aumentan al descender en la escala social: cae el empleo regular y crecen el empleo irregular y el desempleo prolongado.
La desigualdad "se hereda"
El estudio incorporó la “herencia social” a la explicación de estas trayectorias y destacó que en los sectores más desfavorecidos, la calidad del empleo del jefe o jefa del hogar modifica significativamente las posibilidades: "Cuando el hogar cuenta con un empleo pleno aumentan las chances de sostener los estudios; cuando predominan la precariedad, el subempleo o el desempleo, crece la desvinculación educativa y laboral", sentenció la institución.
Sin embargo, incluso un empleo protegido del principal sostén económico "no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja". En paralelo, el 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico, pero su incidencia aumenta del 15,5% en el estrato medio alto al 28,5% en el muy bajo.
También se amplían fuertemente las brechas en las redes de apoyo: el 15,7% de los jóvenes del estrato muy bajo declaró no tener amigos, frente al 1,7% del medio alto. Entre las mujeres jóvenes, las experiencias declaradas de violencia de género alcanzan al 19,4% en el estrato muy bajo, más de tres veces el 6,2% registrado en el medio alto.
El informe finalmente planteó así que la exclusión juvenil no puede interpretarse solamente desde las decisiones individuales "ni abordarse únicamente con políticas educativas o de empleo". Así, sostener las "trayectorias educativas, promover empleos de calidad, revincular a quienes están fuera del estudio y del trabajo y fortalecer las condiciones de los hogares" requiere la incorporación de bienestar psicosocial, redes de apoyo y prevención de las violencias.