Mientras apenas el 5% de los argentinos considera que la educación es el principal problema del país, las políticas del área figuran entre las de peor consideración de la gestión pública, con un 49% de desaprobación. El contraste revela una paradoja: los ciudadanos muestran su disconformidad con el sistema educativo, aunque el tema sigue relegado detrás de preocupaciones más urgentes como la economía y la inseguridad.
Los datos surgen del informe “Percepción social sobre la educación y la política educativa”, de Argentinos por la Educación, elaborado por Valentina Gabrielli (Paris School of Economics), Tomás Besada y Eugenia Orlicki (Argentinos por la Educación) , a partir de información de Latinobarómetro y de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés (UdeSA).
El informe evidencia una problemática que la Argentina y otros países acarrean desde hace décadas: la educación ocupa un lugar cada vez menos trascendente en la percepción social. Aunque una gran parte de la ciudadanía se muestra crítica de las políticas educativas impulsadas por los gobiernos, el tema continúa lejos de encabezar la lista de preocupaciones nacionales. "Hay un desconocimiento de que la educación tiene problemas serios. Existe un distanciamiento entre lo que la gente entiende sobre cómo está la educación y la verdadera magnitud del problema", dijo Martín Nistal, director del Observatorio de Argentinos por la Educación, en diálogo con Ámbito. "Si la gente no entiende que la educación realmente está en problemas, difícilmente pueda convertirse en una prioridad", agregó.
El fenómeno revela una tensión que atraviesa desde hace años a la agenda pública, encarnizada en la actualidad con los problemas de presupuesto por el ajuste que lleva adelante el gobierno de Javier Milei, con el emblemático caso de la ley de Financiamiento Universitario. Mientras la calidad educativa, los resultados de aprendizaje y el deterioro del sistema aparecen con frecuencia en los debates especializados, las preocupaciones cotidianas vinculadas a la inflación, el empleo y la inseguridad continúan desplazando a la educación en las prioridades ciudadanas.
La educación, fuera de los temas prioritarios en la agenda pública
"La Argentina muestra resultados muy desfavorables, incluso teniendo en cuenta sus dificultades económicas y sociales", sintetiza Nistal en un diagnóstico de la situación en maeria educativa del país. "La educación escala como prioridad solo cuando se habla del nivel superior, pero los principales problemas están en los niveles más bajos. Tenemos problemas de alfabetización inicial y chicos que llegan a terminar la primaria prácticamente sin poder leer un texto de corrido", manifestó.
El fenómeno revela una tensión que atraviesa desde hace años a la agenda pública, encarnizada en la actualidad con los problemas de presupuesto por el ajuste que lleva adelante el gobierno de Javier Milei, con el emblemático caso de la ley de Financiamiento Universitario. Mientras la calidad educativa, los resultados de aprendizaje y el deterioro del sistema aparecen con frecuencia en los debates especializados, las preocupaciones cotidianas vinculadas a la economía, la inflación, el empleo y la inseguridad continúan desplazando a la educación en las prioridades ciudadanas.
Según el análisis, la educación ocupa el séptimo lugar entre los principales problemas identificados por los argentinos. La inseguridad y los problemas económicos lideran ampliamente el ranking de preocupaciones, reflejando el peso que tienen las urgencias inmediatas en un contexto de dificultades económicas persistentes.
clase educacion
La educación figura entre las áreas de gestión peor evaluadas, pero sigue lejos de encabezar la agenda pública. Especialistas alertan sobre una contradicción que reduce los incentivos políticos para encarar reformas de fondo.
Insatisfacción con las políticas educativas
Sin embargo, el hecho de que la educación no figure entre las principales inquietudes no implica conformidad con el estado del sistema. Por el contrario, la evaluación de las políticas educativas muestra niveles de aprobación persistentemente bajos. Los datos de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés indican que la satisfacción con la política educativa nacional se mantuvo entre el 20% y el 35% durante la mayor parte del período 2018-2026. En marzo de este año, el nivel de satisfacción rondaba apenas entre el 25% y el 28%.
La insatisfacción resulta aún más evidente al analizar las respuestas negativas. Casi la mitad de los encuestados, un 49%, afirmó sentirse "nada satisfecho" con la política educativa, mientras que otro 21% se declaró "poco satisfecho". En comparación con otras áreas de gestión, la educación ocupa el octavo lugar en el ranking de satisfacción ciudadana y solo supera a salud e infraestructura en niveles de descontento.
Sandra Ziegler, investigadora de Flacso Argentina, observó: "Cuando se analiza en la misma encuesta la evaluación de políticas públicas, la política educativa registra niveles altos de insatisfacción. De modo que no se ubica entre los problemas más urgentes y tampoco resulta una política valorada favorablemente". En esa línea, para la especialista "este desacople plantea una inquietud relevante: ¿qué desafíos produce en nuestra sociedad que un área como la educación no cuente con centralidad como problema público y no construya legitimidad suficiente como política? ", apuntó.
La contradiccion
El estudio de UdeSA puso en relieve que un amplio rechazo a las políticas educativas (49%). Allí nace una contradicción: por un lado la educación queda detrás en la lista de las prioridades pero existen una crítica marcada a lo que se hace en materia de enseñanza, aprendizajes y planes de estudio. Se observa ahí disconformidad pero tampoco existe una reacción para debatir ese tema y generar alternativas que puedan ayudar a cambiar el panorama.
Para Ziegler, "tal vez parte del trabajo pendiente sea, además de mejorar la educación, instalarla como una cuestión prioritaria en la conversación pública". Los especialistas advierten que esta situación refleja una característica recurrente de las sociedades atravesadas por crisis económicas. La educación suele ser reconocida como un factor clave para el desarrollo y la movilidad social, pero cuando predominan problemas que afectan de manera inmediata el bolsillo o la seguridad de las personas, pierde centralidad en la agenda pública.
Tabla 2. Ranking de problemas señalados como principales en Argentina. Años 2004, 2015 y 2024.
Aunque siete de cada diez argentinos se muestran insatisfechos con la política educativa, el tema ocupa un lugar secundario entre las preocupaciones del país. Un informe advierte sobre la brecha entre el malestar con el sistema y la escasa presión social para impulsar cambios. TRanking de problemas señalados como principales en Argentina. Años 2004, 2015 y 2024.
Argentinos por la Educación
Por eso, para Ziegler "el problema de fondo es que la educación opera en una escala temporal que no coincide con la de la política ni con la de la percepción social del riesgo. Sus efectos se miden en décadas". Por lo tanto, remarcó, "cuando la insatisfacción con la política educativa es tan alta pero el tema no aparece entre las urgencias de la agenda, los gobiernos tienen poco incentivo para revisar seriamente el rumbo educativo y también pocos costos por no hacerlo". Allí la presión social es un factor clave para generar un clima que lleve a la comunidad, autoridades, funcionarios, dirigente y cualquier persona a manifestar un posicionamiento sobre el tema, en el marco de una discusión pública.
"En la educación sucede una contradicción bastante particular: todos pensamos que la educación de nuestros hijos está bien, pero que la educación en general está mal. Nadie parece ver el problema como un problema propio, sino como un problema de la sociedad o del país en general", reflexionó Nistal. En ese sentido, sostuvo que "nadie se termina movilizando lo suficiente porque interpreta que el problema no lo tiene en casa, sino que es algo externo". "Una de las principales señales que tenían las familias para entender cómo estaba la educación de sus hijos era si repetían o se llevaban materias, y hoy eso cada vez ocurre menos. Hoy las familias tienen poca información sobre cómo les va realmente a los estudiantes en la escuela", argumentó.
La combinación entre una baja prioridad relativa y un fuerte descontento con la gestión configura así una de las principales contradicciones del debate educativo argentino. La sociedad reconoce las dificultades del sistema y evalúa negativamente las políticas implementadas, pero al mismo tiempo sigue ubicando a la educación por detrás de otras urgencias que dominan la vida cotidiana. El desafío para los próximos años será determinar si el deterioro educativo logra escalar posiciones en la agenda pública o continúa siendo una preocupación relevante, aunque secundaria, para la mayoría de los argentinos.
Tal vez el mayor riesgo para la educación no sea la crítica ni la insatisfacción, sino la indiferencia relativa con la que convive. Mientras otros problemas ocupan el centro de la escena pública, el deterioro educativo avanza de manera silenciosa, acumulando consecuencias que solo se vuelven visibles años después. Ningún país logra sostener el crecimiento económico, reducir la pobreza o fortalecer sus instituciones sin una educación de calidad. Sin embargo, cuando la sociedad deja de exigirla como una prioridad y la política advierte que no genera costos electorales inmediatos, las transformaciones necesarias quedan siempre para más adelante. La paradoja es evidente: la educación sigue siendo reconocida como una de las claves del futuro, pero rara vez es tratada como una urgencia del presente.