3 de febrero 2006 - 00:00

Llegó a Ushuaia el transatlántico más grande del mundo

Trajo más de 2.600 pasajeros, entre ellos, algunos argentinos, y 1.253 tripulantes; tiene 72 metros de altura y 345 metros de eslora. El Queen Mary II es el buque insignia de la empresa Cunard -heredera de la White Star Line, propietaria del legendario Titanic- , que pasó por Latinoamérica en un viaje circular de Nueva York a Los Angeles. No puede ingresar en Buenos Aires por su calado. Dejó anoche el puerto de Ushuaia, después de que sus pasajeros invadieran comercios, y se dirigió a cruzar el Cabo de Hornos hacia Valparaíso.

Llegó a Ushuaia el transatlántico más grande del mundo
El crucero más grande del mundo, el Queen Mary II, amarró ayer por primera vez en un puerto argentino: Ushuaia. La presencia del buque -que no puede visitar Buenos Aires por falta de calado en los canales de acceso al puerto- en la bahía de Ushuaia causó impacto inmediato en la ciudad no bien comenzaron a descender los pasajeros. En minutos, la población de Ushuaia aumentó mas de 5% por la cantidad de visitantes que trajo el barco, 2.620 pasajeros y 1.253 tripulantes. La nave más alta y ancha que existe, de bandera inglesa y buque insignia de la naviera Cunard -heredera de la White Star Linem, dueña del Titanic y con la que Cunard se fusionó a fines de los años 20-, entró en servicio en enero de 2004 y está previsto que el año próximo dé su primera vuelta al mundo con un crucero que hasta ahora sólo realizaba otro barco, menor, de la Cunard, el Queen Elizabeth.

El transatlántico llegó a la 1.20 a Ushuaia -antes de lo previsto-, donde fue recibido por el secretario de Turismo nacional, Enrique Meyer, y por autoridades provinciales, turistas y vecinos que festejaron la llegada. El Queen Mary II es un « verdadero palacio flotante que representa el alto lujo» en este tipo de viajes, según define comercialmente la empresa, aunque esa condición no lo libra de algunos problemas, más propios de un corte de calles porteñas que de un crucero de placer.

El primer tramo de este viaje comenzó en Nueva York y terminó en Rio de Janeiro, con tres paradas intermedias en dos islas del Caribe y el norte de Brasil, aunque luego continúa su periplo alrededor de toda América a través del Cabo de Hornos, para terminar en Los Angeles.

Todo se inició como la puntualidad inglesa había programado, pero a poco de zarpar el barco perdió potencia en uno de sus cuatro propulsores. La empresa decidió hacer una parada técnica en Fort Lauderlade, en Florida, para hacer reparaciones. De allí volvió a zarpar, y al día siguiente retornaron los inconvenientes, por lo que -para cumplir con el plazo que establece el largo itinerario- la Cunard decidió pasar de largo las paradas previstas.

Entonces, un grupo de pasajeros protestó y amenazó con organizar un piquete a su llegada a Rio de Janeiro.
Hubo alguna sentada a bordo, gesto que a algunos pasajeros les pareció impropio para la ocasión, exigiendo que se les devolviera la totalidad del precio del pasaje que, según la categoría de cabina que se tome, oscila entre u$s 3.600 y u$s 17.000 (para ese tramo de la travesía, aunque algunas suites especiales superan esos costos).

Después de tironeos con los rebeldes amotinados, la empresa finalmente le devolvió íntegramente el importe a la treintena de los pasajeros que protestaban, un número mínimo frente a los más de 2.600 que hacían el trayecto, por lo que obtuvieron finalmente una semana gratis con ocho comidas diarias incluidas en el célebre crucero.

• Comodidades

El Queen Mary II está catalogado como el barco «de mayor costo y más amplio alguna vez construido». Tiene 1.310 habitaciones, una capacidad de 2.620 pasajeros, 10 restoranes, galerías de compras, cinco piscinas y un spa. También cuenta con dos simuladores de golf, cancha de paddle y de básquet, y un gran gimnasio, el salón de baile más grande abordo de una nave, la biblioteca más amplia y el primer planetario embarcado. Pero nada lo hace más célebre que ser el heredero del Queen Mary 2 original -hoy, un hotel museo anclado en California-, uno de los transatlánticos más famosos de la historia, con blasones que mostrar por su participación, incluso, en el traslado de tropas durante la Segunda Guerra Mundial.

El nuevo barco, cuya tripulación es de 1.253 personas -una por cada dos pasajeros-, pesa 151.400 toneladas y mide 345 metros de eslora, 41 de manga, 8,6 de calado y 72 de altura desde la quilla hasta la chimenea, de los cuales 62 metros sobresalen del agua. Tiene 14 cubiertas y lujosas suites de 290 metros cuadros, en dos pisos con ascensor propio, y en su construcción se invirtieron 800 millones de dólares.

Puede navegar a más de 30 nudos (unos 63 kilómetros por hora) y está equipado
«con una avanzada planta ecológica con suministro eléctrico generado por cuatro motores diésel y dos turbinas de gas». Las turbinas están situadas debajo y detrás de las chimeneas y se utilizan para alcanzar mayor velocidad, mientras los cuatro motores diésel se ubican «muy abajo en el barco, debido a su peso y tamaño», cada uno de 12,5 metros de largo, 4,4 de ancho, 5,5 de alto y 217 toneladas de peso. Y aunque su tamaño parezca un escollo, un sistema de hélices rotativas le permite girar sobre sí mismo, aun cuando debe realizar maniobras en puerto.

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