7 de agosto 2007 - 00:00

Miles de fieles veneraron al patrono del Trabajo

Miles de fieles que participaban de una extensa vigilia de más de un mes comenzaron a la medianoche a desfilar frente al santuario de San Cayetano.
Miles de fieles que participaban de una extensa vigilia de más de un mes comenzaron a la medianoche a desfilar frente al santuario de San Cayetano.
Frente al Santuario de San Cayetano, una multitud escuchaba desde poco antes del mediodía las palabras de Bergoglio, mientras dos largas filas que se extendían por más de quince cuadras y avanzaban lentamente para pasar junto a la imagen del santo.

Hombres y mujeres de numerosos puntos del país, la mayoría humildes y de distintas edades, fueron hasta el santuario a depositar una esperanza o un agradecimiento.

Ni el frío, ni la espera, ni el sueño pudieron contra ese sentimiento que se potencia en mucha gente, que lo canaliza a través de la fe religiosa, ante la necesidad o ante el logro de una aspiración.

Mientras Bergoglio aseguraba que "la persona, cuanto más frágiles y vulnerables sean sus condiciones de vida, es más digna de ser reconocida como valiosa, y ha de ser ayudada, querida, defendida y promovida en su dignidad", miles de personas revelaban a través de sus pedidos esa misma condición de vulnerabilidad.

"Vengo a pedir por trabajo para mí y para todos", dijo con humildad Mercedes Pérez, una mujer de 52 años de la localidad bonaerense de Munro, tras recordar que "venir me ayuda a reponerme; ahora estoy bien de salud, pero estuve muy mal, por eso también quiero agradecer".

Una joven de 21 años, que estaba con su mamá, aseguró: "Venimos a pedir trabajo para mí y a agradecer que mi marido consiguió un empleo", dijo Daiana Carrizo, de la ciudad de Cañuelas, unos 70 kilómetros al sudoeste de la Capital Federal.

El trabajo fue uno de los ejes de la homilía del prelado, quien sostuvo que "es lo que nos permite realizarnos como personas y ganarnos la vida, mantenernos dignamente y mantener a nuestra familia".

Las largas filas que se extendían desde las puertas del santuario hacia la cancha de Vélez Sarsfield, adquirían formas sinuosas en los recovecos donde el sol lograba filtrarse entre los edificios.

La gente, arropada con camperas, bufandas y gorros, buscaba ansiosa el calor del sol, aunque para Noemí, de Quilmes, quien se encontraba en el lugar desde anoche, "el calorcito humano y el de la fe es lo que más abriga".

"Vine en primer lugar a agradecer, siempre hay que agradecer primero, y después unas cuantas cosas más", dijo esta mujer de 57 años en referencia a varios problemas de salud en su familia, para añadir luego que "sobre mi hijo, y bueno, Diosito sabe ya cuál es el destino de él que está buscando trabajo".

Entre esperanzas, deseos y profundas necesidades de la gente que hacía fila para tocar la imagen del santo o pasar cerca de ella, una multitud de vendedores invitaba permanentemente a comprar, tanto objetos religiosos como comida o productos de los más diversos.

Se mezclaban las voces que repetían "dos espigas por un peso", "maní tostado, garrapiñada", "a los churros" y carteles que ofrecían "tarot a 10 pesos" o "estampitas e imágenes de San Cayetano".

Padres con hijos, nietos con abuelas, parejas, revelaban también la presencia de la familia, a la que Bergoglio también mencionó en su homilía: "la familia es condición necesaria para que una persona tome conciencia y valore la dignidad".

Mas allá de las palabras del arzobispo, muchos testimonios de la gente hicieron referencia a la familia, a los pedidos por hijos, padres, madres, nietos, tanto de salud como de trabajo, valorando el sentido profundo del núcleo familiar en las buenas y en las malas.

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