Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala que cada año seis millones de niños mueren de hambre en el mundo, y aclara que esa cifra difícilmente pueda reducirse en los próximos años. El estudio que se conoció ayer en Roma señala que es poco probable que -como se estimaba-, pueda haber mejora en los índices de mortalidad infantil a causa del hambre, de aquí al año 2015, si no se duplica y enfoca de manera diferente el esfuerzo que realizan los países en este delicado tema.
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Durante su 33ª reunión, que se desarrolla en la capital de Italia, el director general de la FAO, Jacques Diouf, explicó que los esfuerzos por disminuir el número de personas que padecen hambre en los países en vías de desarrollo «avanzan muy despacio y la comunidad internacional se halla muy lejos de alcanzar sus objetivos al respecto».
El prólogo del Informe Mundial sobre el Hambre de este año consigna que, a pesar de los magros resultados en la lucha para revertirla, «continúa la esperanza de lograr los ocho objetivos de desarrollo del milenio que los países miembros de la ONU acordaron en el año 2000».
En la «Declaración del Milenio» la comunidad internacional se propuso, entre otros ítems, reducir a la mitad el nivel de pobreza, disminuir la tasa de mortalidad infantil y frenar la expansión del sida y la malaria hasta el año 2015. El informe sobre la situación de la alimentación en el mundo publicado por la FAO este año indica que unos 11 millones de niños mueren antes de cumplir los cinco años por deficiencia alimentaria, y de éstos, seis millones por enfermedades infecciosas como la malaria, la diarrea, la pulmonía y el sarampión.
La FAO pidió a los países miembros que inviertan en sistemas de abastecimiento de agua, infraestructura, pesca y programas para la mejora de la alimentación.
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