5 de febrero 2007 - 00:00
Murió el abogado Héctor Masnatta
-
Nuevo giro en la causa de Agostina Vega: investigan si estuvieron involucradas más de dos personas
-
PAMI agiliza la afiliación de jubilados: cómo se hace ahora el trámite
Héctor Masnatta
También Masnatta peleó desde distintas posiciones por ese criterio de manera exitosa; como director del proceso de arbitraje -y luego como árbitro por la parte estatal- entre el país y sus socios del Paraguay en la empresa Yacyretá contra la constructora que reclamaba mayores costos por casi u$s 1.000 millones, logró que la Justicia argentina impusiese su jurisdicción por encima del tribunal arbitral, con facultades de revisar sus fallos si fueran contrarios a derecho.
Ocupó pocos cargos públicos. Fue asesor del ministro de Educación Carlos Alconada Aramburú; consejero universitario en la embajada argentina en Roma en los años 90 con el gobierno Menem. Fue también bajo ese gobierno el primer presidente de la Auditoría General de la Nación, durante un período fundacional que le dio a ese ente un prestigio que aún conserva y que lo ha salvado del deteriorode la credibilidad del resto del sistema público.
Acuñó rutinas de control del Estado y resignó la presidencia cuando la reforma de 1994 le dio ese cargo a la oposición y batalló por empresas públicas o mixtas que querían escapar a esos controles -como la YPF estatal o Yacyretá-. Votó como convencional constituyente el límite de edad para los jueces de la Corte en 75 años; no borró con el codo lo que había avalado: cuando le ofrecieron volver al alto tribunal, dijo que no.
En los últimos años se desempeñó como abogado y árbitro en la empresa Yacyretá, responsabilidades que sumó a la de director en representación del Estado en la empresa Repsol YPF, cargos que desempeñó hasta el final.
Fue columnista de Ambito Financiero desde comienzos de la década de los años 90 hasta su muerte, y algunas de sus notas se constituyeron en formulaciones jurisprudenciales, como ocurrió -para dar un solo ejemplo- con el juicio a los responsables del asesinato de María Soledad Morales en Catamarca. El tribunal juzgador tomó medidas procesales para ese caso citando un artículoque había publicado este diario con la firma de Masnatta cuestionando la televisación del debate.
Lúcido hasta el último día, fue consultado por el gobierno y la oposición en los más variados temas jurídicos, obras públicas y relaciones exteriores, y dedicó sus esfuerzos al conflicto de la Argentina con el Uruguay por las papeleras de Fray Bentos. Argumentó sobre la responsabilidad del gobierno de Montevideo en el origen del conflicto, sobre la protesta como una manifestación de derechos humanos con protección constitucional.
Hombre del peronismo, gozaba del respeto de todos los sectores que han visto en él a un hombre que ha sido imprescindible en los debates políticos e institucionales de las últimas décadas. Construyóuna formidable cultura universal que unió con un instinto sobresaliente para el derecho y con un sentido del servicio público pocas veces también en hombres que alcanzaron magistraturas importantes: profesor universitario, juez nacional, miembro de la Corte Suprema de Justicia, convencional constituyente, auditor nacional de la Nación, árbitro en litigios internacionales claves para el país. Era de la raza de quienes regalan los libros que leen y de quienes cultivaron el humorismo como herramienta para conocer la realidad.
Recordaba que de joven, mientras estudiaba Derecho, trabajó como visitador médico y descubrió la herramienta del chiste ocurrente, muchas veces sicalíptico, para mejorar las ventas. Desarrolló la habilidad para identificar la sabiduría que está detrás del humor y era un cazador y también distribuidor de historias. De su generación fue los primeros en desembarcar en Internet y usó ese medio para superar las dificultades que una salud podía imponer a su actividad intelectual y política.
A mediodía de hoy serán cremados en Jardín de Paz los restos del abogado -así le gustaba que lo caracterizasen- Masnatta, quien falleció de un paro cardíaco en la madrugada de ayer en su casa de Punta del Este a los 86 años.
Ignacio Zuleta



