Murió Jorge Antonio, de Perón a Kirchner, con Menem de amigo

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El empresario Jorge Antonio, uno de los hombres más cercanos al general Juan Domingo Perón, murió el sábado a los 89 años y sus restos fueron inhumados ayer por la mañana en el cementerio privado Jardín de Paz de Pilar. En los últimos meses debía realizarse diálisis dos veces por semana.

Hijo de árabes y uno de los puntales del pasado peronista, Jorge Antonio fue amigo y confidente del ex presidente, quien afectuosamente lo llamaba «Don Jorge». También acumuló una importante fortuna, la que diezmó con los años -era un apasionado jugador-, con negocios varios y la atención de casi una docena de hijos (algunos adoptados). Se recuperó en los finales, casi graciosamente: tenía una participación accionaria en el emprendimiento del casino de Palermo, explotado por uno de los empresarios más cercanos a Néstor Kirchner, Cristóbal López.

Conoció al general Perón en 1943 en una reunión social, cuando trabajaba como representante de General Motors y Mercedes Benz, ascenso clave si se piensa que de joven había sido enfermero. Pero comenzó a ser uno de sus consejeros seis años después, cuando se convirtió en director de la empresa alemana -años posteriores a la Segunda Guerra Mundial-, cuando la Mercedes Benz, destruida «trabajaba -según él- en galpones sin techo» y le comentó a Perón su proyecto de iniciar un proceso de industrialización del país fabricando camiones. Otra amistad que supo granjearse en esos años fue la de Eva Duarte, a quien conoció en 1949 cuando su empresa hizo desembarcar en la Argentina una enorme cantidad de vehículos que la esposa del ex presidente distribuyó entre los taxistas con créditos blandos (los famosos, entonces, «hormiguitas negras»).

  • Exportador de granos

    La prosperidad con los vehículos le permitió acceder a otro negocio formidable, la exportación de cereales, compitiendo entonces contra el monopolio de multinacionales como Bunge y Born, Dreyfus y Continental Granos. Se podría decir que no gozaba de la mejor simpatía por esa actividad. Fue «Don Jorge» quien luego se atrevió a decirle a Perón que en el Ejército no se aceptaba la posibilidad de que Evita lo acompañara como candidata a vicepresidente. Más tarde, Perón le advirtió -antes de setiembre de 1955- que abandonara el país porque se venía un golpe de Estado.

    Sobre aquel momento, solía relatar: «El 16 de setiembre de 1955 Perón me manda a buscar. Estaba en la residencia, acá en Libertador. 'Mire, Don Jorge, lo que ha pasado; quieren una guerra y nosotros no podemos hacer una guerra así. Yo me voy a ir. Y usted ha estado muy ligado a nosotros y es una representación de lo que es la industria del peronismo. Usted se ha destacado y lo van a perseguir y no la va a pasar bien. Si yo me voy, lo invito a que se venga conmigo».

    Y yo le dije: «No, general, le agradezco muchísimo, pero me quedo acá y aguantaré las consecuencias. No tengo nada que ocultar, no tengo nada que temer».

    Terminó en la cárcel junto con John William Cooke, Héctor Cámpora y Guillermo Patricio Kelly. Con ellos (algunos disfrazados de mujer) después se fugó a Chile y terminó en Cuba, protegido por el gobierno de Fulgencio Batista que pronto iba a ser derrocado por la Revolución Cubana que encabezaba Fidel Castro.

    «Estuve detenido 17 días en un barco -recordaba- y de ahí a Ushuaia; a la penitenciaría primero, donde estuve un mes de rigurosísima incomunicación. Después nos llevaron a Río Gallegos con otros 16. Ahí estuve unos dos años hasta que me escapé, me llevé cinco conmigo y me fugué a Chile. Yo ya estaba cansado de estar preso y sin causa. No tenía ninguna causa abierta. Todo eran suposiciones. Era todo perfecto, éramos de los primeros en pagar impuestos en el país, sin lugar a dudas... por más investigaciones que hicieran. Bueno, intervinieron todas las empresas. Algunas las anularon, otras las vendieron, otras las mantuvieron cerradas durante cuatro años. Mis cuentas bancarias fueron confiscadas. Y en el exterior yo no tenía dinero».

    Aun así, en el exterior no le fue mal, sostuvo con asistencias a Perón y hasta compró con su dinero los terrenos donde el general construyó Puerta de Hierro. También promovió la candidatura de Vicente Solano Lima como compañero de fórmula de Héctor J. Cámpora en las elecciones de 1973, época en que volvió fugazmente a la Argentina cuando mantenía óptimos vínculos con jóvenes que se mostraban como revolucionarios y, al mismo tiempo, conservaba amistad con otros de marcada tendencia nacionalista. Toda una curiosidad este proceso, tiempos en que invirtió en una revista («Primera Plana»), a la cual sus colaboradores hundieron con sumo cuidado. Durante el gobierno de «Isabel», no pisó casi la Argentina: guardaba una profunda enemistad con José López Rega, una historia que arrastraban de Madrid, y en consecuencia tampoco era bien visto por la presidenta de entonces, a quien siempre Jorge Antonio calificó con gracia: «la pájara».

  • Alegrías

    Raúl Alfonsín le produjo, años más tarde, una enorme alegría: lo indemnizó con bonos del Estado (una emisión especial) por las intervenciones pasadas en sus empresas. Por entonces, su poderío estaba claudicante, hasta había empeñado uno de los haras más hermosos del país, en Guernica. Pero, si de alegrías se trata, el mejor ciclo lo vivió con Carlos Menem, quien lo consideraba y apreciaba como pocos, quien lo invitaba casi siempre en viajes o a Olivos (para jugar a los naipes, claro). Fue consejero de Menem en muchas ocasiones, la más notoria cuando éste estuvo en crisis por su separación de Zulema Yoma y lloraba, impotente, en los hombros del empresario. A pesar de tanta simpatía, a «Don Jorge» no le atraían ciertos costados festivos del entorno de Menem. También, por supuesto, se lamentaba que alguien tan peronista hasta lo perdonara a Isaac Francisco Rojas: decía no excusar a Menem por esa acción, aunque también afirmaba que lo comprendía. Con Néstor Kirchner casi no hubo contacto personal, pero sí telepatías comerciales: la familia Antonio participa de negocios de la pesca caros al primer mandatario y, personalmente, «Don Jorge» luego se asoció con amigos del santacruceño en Palermo. Tanto que hasta se permitió gracias con Kirchner, de quien dijo que tenía algo de Perón y también de Frondizi. Siempre fue, en su trascendencia, un hombre con razonable sentido del humor.
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