12 de enero 2008 - 00:00

Otro día de demoras en Ezeiza provocó la ira de los pasajeros

Otro día de demoras en Ezeiza provocó la ira de los pasajeros
Un total de 5.000 pasajeros varados y al menos 15 vuelos cancelados convirtieron ayer al aeropuerto internacional de Ezeiza en tierra de nadie, en medio de un caos de violencia y gente descontrolada que destruyó parte de los mostradores de Aerolíneas Argentinas, la empresa eje del conflicto, en medio del paro del personal de rampa y los maleteros.

La medida de fuerza arrancó el viernes por parte del personal de rampa en reclamo del pago de un aumento salarial por parte de Aerolíneas, paralizó las salidas de vuelos y terminó desencadenando una batahola de proporciones en esa terminal internacional.

Apenas dos vuelos, uno hacia Miami y el otro a Madrid, pudieron partir el sábado de Ezeiza, cuyas instalaciones quedaron a la deriva durante buena parte de la jornada, porque la Asociación del Personal Aeronáutico (APA) solicitó al personal de atención retirarse de los mostradores por temor a agresiones.

Así, casi la totalidad de los vuelos que habían sido reprogramados para el sábado dejaron de salir a partir del mediodía, por la desaparición de los empleados que debían realizar los trámites de embarque por un lado, y los maleteros y personal de rampa.

La situación recién tuvo algún tinte de normalidad alrededor de las 20:00, cuando los pasajeros fueron notificados por los autoparlantes que los ocho vuelos pendientes desde el viernes habían sido reprogramados en un cronograma de emergencia, a partir de las 21:30 y hasta las 6:00 del domingo.

En el sector de Migraciones se habían atrincherado pasajeros de un vuelo a Cancún, cuya reprogramación original era para las 9:00 del sábado, y habían alcanzado a ingresar sus valijas y a realizar su "chek in", antes del paro total.

Sin embargo, su vuelo no estaba contemplado en la última reprogramación por lo que quedaron en un virtual limbo del que no podían inferir cuándo iban a salir, por lo que decidieron tomar el sector de migraciones y de esa manera interrumpir los vuelos de otras aerolíneas.

Una versión señalaba al mediodía, los problemas comenzaron cuando los empleados, varios de ellos jerárquicos, dejaron de trabajar por presiones gremiales por parte de la Asociación de Personal Aeronáutico, pero otra indicaba que lo hicieron por la imposibilidad de que se les garantice la seguridad al atender a personas enfurecidas.

Sin mayores explicaciones durante varias horas, poco antes de las 17:00, la bronca acumulada, en algunos casos, durante más de 36 horas, estalló contra el director de Relaciones Institucionales de la empresa, Jorge Molina, quien intentó dar algún tipo de explicación pero sin suerte.

Molina intentó pedir calma a los pasajeros para que vuelvan los empleados que temían por su seguridad, pero no sólo no pudo explicar la novedad ante una marea de insultos, sino que debió retirarse en medio agresiones físicas, por lo que tuvo que ser protegido por efectivos de la Policía Aeroportuaria.

En el marco de los incidentes, algunos pasajeros causaron destrozos en el mobiliario y las computadoras de los mostradores de la empresa.

"No hay nadie de la empresa, las ventanillas están totalmente cerradas; los gremios tampoco dan la cara. Nadie nos dice cuando va a salir nuestro vuelo. Estamos varados, muchos de nosotros por muchas horas, con ancianos y niños, y no sabemos lo que vamos a hacer", resumió Patricia, una pasajera que sufría la traumática situación.

La mujer apuntó contra la privatizacón de Aerolíneas realizada durante los 90, como responsable de esta situación.

"La empresa tendría que seguir siendo argentina, porque ahora nadie se hace cargo, a esto llevó la privatización y que esté en poder de los españoles", señaló.

Los problemas se habían originado el viernes cuando los vuelos comenzaron a demorarse por una huelga de maleteros y personal de rampas, que reclaman una recomposición por inflación de 1.200 pesos.

El gremio APA determinó el cese de actividades ante la falta de seguridad por el malestar entre los pasajeros, que la organización adjudicó a la empresa, por la falta de inversiones para solventar el crecimiento del movimiento.

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