4 de noviembre 2005 - 00:00

Otro round entre Ginés y la Iglesia

Héctor Aguer
Héctor Aguer
El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, salió ayer al cruce del ministro de Salud, Ginés González García -como en su momento también lo hizo el obispo castrense Antonio Baseotto-y lo enfrentó diciendo que «su intolerancia y su fundamentalismo son cosa de admiración», declaró a la agencia «AICA».

De esta manera, Aguer respondió a los dichos del funcionario, quien calificó al prelado de «fanático» por denunciar que el Estado promovía la «corrupción sexual» al repartir anticonceptivos y preservativos entre alumnos de 13 años de un colegio público de la provincia de Buenos Aires.

«He leído que el ministro de Salud de la Nación me trató de fanático y gorila. Me permito devolverle gentilmente la cortesía. Su intolerancia y su fundamentalismo son cosa de admiración. Es éste un defecto bastante frecuente entre quienes se creen progresistas», sentenció el arzobispo, en una ríspida respuesta dirigida al titular de la cartera de Salud.

El religioso volvió a disparar cuando aseguró que «Dios perdona cualquier cosa si nos arrepentimos y nos proponemos enmienda, no si perseveramos cerrilmente en nuestro error», en obvia refutación a González García, quien había señalado: «Dios perdona cualquier cosa, pero el sida no perdona».

«Si el sida no perdona, el ministro debería advertir, por lo menos, que los condones que reparte no preservan absolutamente del contagio. En cambio, invita a los jóvenes a jugar a la ruleta rusa. Probablemente, una orientación estrecha de la disciplina sanitarista le impide comprender en su complejidad el fenómeno de la sexualidad humana e insertarlo en una visión integral de la persona. Es una pena», concluyó el arzobispo platense. Por su parte, el diputado porteño Jorge Enríquez recordó que «hemos presentado más de 20.000 firmas solicitando un llamado a audiencia pública para someter a debate el controvertido proyecto de educación sexual». Precisó con acritud que «entre Ginés y ciertos legisladores de la Ciudad, que se identifican con un curioso progresismo, que es en realidad un retardismo en materia de dignidad humana, están haciendo un trabajo que apunta a estatizar de manera absoluta la educación y la formación de nuestros hijos».

Agregó Enríquez que «la patria potestad está siendo vaciada y transferida a un Estado omnipotente, el ogro filantrópico del que hablaba con lucidez el gran escritor mexicano Octavio Paz». Concluyó este legislador afirmando que «el relativismo, el nihilismo, la presentación de desviaciones sexuales como meras opciones legítimas, son parte de este modelo pseudoprogresista que nos quiere robar el alma».

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