5 de marzo 2007 - 00:00
Para ver a Ricky Martin, el público soporta lo que sea
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Ricky Martin el sábado en un River que instaló cámaras a lo
«Gran hermano». Los controles demoraron al público largas
horas bajo la lluvia, los estacionamientos estaban taponados
y hubo excesivos cacheos, pero nadie dijo nada.
El público en River, como en todos los shows, mayoritario de mujeres, había comenzado a llegar al estadio desde muy temprano -no faltaron quienes hicieron cola toda la noche- y sumaron 50 mil personas. Más íntimo fue lo de Córdoba el miércoles pasado en el Orfeo y lo de Punta del Este, con un show para sólo unos pocos en el Conrad (cuatro mil fanáticos).
Luego de llegar al aeropuerto Laguna del Sauce de Punta del Este el jueves a la madrugada en su avión privado, Ricky Martin se alojó en la suite Conrad, la habitación más lujosa del complejo en los pisos más altos, que cuesta 7.500 dólares por noche. Quizá sus fanáticas se alegren cuando se enteren de que no vino con ninguna pareja, sino que durmió nada menos que son su madre, Nereida Morales, y en la habitación contigua se ubicó su asistente personal. Lo acompañaron 60 personas entre técnicos, músicos y bailarines, y el moderno equipo de sonido y luces fue transportado en siete camiones. Para la noche del recital, la producción del artista pidió 100 kilos de hielo.
Durante la estadía de dos días en el Conrad solicitó arroz con papas fritas y huevos fritos, cereales, leche fría, café expreso, frutas y excesiva agua mineral sin gas.
Tanta hidratación no responde sólo a los exigentes recitales de canto y baile, sino a las buenas ofertas nocturnas a las que estuvo invitado. Por caso, el sábado a la noche, luego de su show en River, se realizaba en Costa Salguero la primera fiesta electrónica del año, Moonpark, con más de 20 mil asistentes extasiados bailando al ritmo de los DJ's James Zaviela y Sander Kleinenberg. Ricky Martin fue invitado de lujo en el VIP del DJ Alemán Paul Van Dik hace dos años, con lo que se descartaba que asistiría a Moonpark el sábado. Pero por el mal tiempo y el cansancio tras su periplo cordobés, esteño y porteño, prefirió el confort del hotel, con velas aromatizantes y masajes.
Fue importante el despliegue en el escenario del Conrad el viernes frente a cuatro mil privilegiados. El miércoles había tocado en el Estadio Orfeo de Córdoba, con un episodio que varios exageraron en calificar de «cuestión de Estado». En esa provincia, el cantante no sólo perdió su teléfono celular, sino que se sorprendió cuando descubrió que lo estaban subastando a más de 2 mil pesos en Internet. Es que el aparato de primera generación tenía cargada la agenda del artista y varias fotos del álbum privado.
El cantante puertorriqueño concluyó el concierto que brindó en Córdoba haciendo referencia al extravío del teléfono, ya que, tras calificar la noche como «inolvidable», dijo: «Lástima lo del teléfono». Antes del show cordobés, a tono con la cumbia del interior, no hubo modernos sushi o ensaladas de rúcula con croutons, sino milanesa con papas fritas. Quizá por eso pidió más frugalidad para Punta del Este y Buenos Aires.



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