Las autoridades del Instituto Carlos Malbrán pidieron al Ministerio del Interior que active los mecanismos necesarios para declarar a ese centro de investigaciones «zona de seguridad nacional», ante el temor de que nuevos actos de vandalismo puedan ocasionar un desastre biológico.
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La preocupación surgió como consecuencia de una sucesión de robos ocurridos en los distintos laboratorios que integran el predio que ocupa el Malbrán en la zona del barrio porteño de Barracas. En esos tres episodios -que tuvieron lugar el último fin de semana largo- los delincuentes, además de destrozar las instalaciones se alzaron con computadoras y electrodomésticos, que son utilizados en este centro de investigaciones para conservar reactivos y sustancias claves para el desarrollo de vacunas y el estudio de enfermedades altamente infecciosas.
Este dato, precisamente, es el que preocupa a las autoridades sanitarias, que sostienen que si el instituto mantiene este carácter de «zona liberada» se estaría ante una amenaza de desastre biológico para la población.
El Instituto Carlos Malbrán, dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, está pronto a inaugurar un Laboratorio de Contención, Nivel de Bioseguridad 3, que se construye con una inversión de un millón de dólares que aportó el Banco Mundial en el marco de un proyecto de vigilancia de la salud y control de enfermedades.
Una vez en funcionamiento, ese espacio permitirá, por ejemplo, contener agentes patógenos como el virus de la rabia, brucelosis, SARS, polio y nuevos desafíos epidemiológicos en el hemisferio, tales como la temida gripe aviaria e influenza pandémica. «Estos reactivos en manos de gente inexperta son armas letales contra la población», advirtió un profesional que trabaja en los laboratorios del Malbrán.
Los niveles de bioseguridad son estándares mundiales fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La última actualización se realizó meses después del ataque del 11 de setiembre de 2001 contra las Torres Gemelas que activó el temor a una guerra bacteriológica tras la aparición del virus del antrax.
Esa protección fijada en 4 niveles (el más alto se usa durante el diagnóstico de agentes exóticos que ocasionan enfermedad letal, y para los cuales no existe vacuna o terapia; el virus del Ebola entra en esta categorización) apunta a la manipulación sin riesgo por parte de los investigadores médicos de material potencialmente contaminante, a la vez que resguarda a la población evitando que se liberen sustancias infecciosas al ambiente.
«Los errores humanos y las técnicas incorrectas pueden poner en peligro incluso a las mejores medidas de protección», cita en uno de sus capítulos la tercera edición del manual de la OMS.
Eficacia
«La vigilancia de la salud individual y colectiva requiere la adopción de eficaces herramientas para su óptima implementación en los sistemas y laboratorios de salud», añade.
El pedido de más seguridad fue realizado por el interventordel Malbrán, Gustavo Ríos, al secretario de Políticas, Regulación y Relaciones Sanitarias, Carlos Alberto Soratti, quien a su vez giró la inquietud al ministro Aníbal Fernández. Apunta a que ese predio cuente con un anillo de protección máxima similar al que aplican países desarrollados como los Estados Unidos, donde la bioseguridad es considerada causa de defensa nacional. En la actualidad este centro de investigaciones -ubicado en la avenida Vélez Sarsfield al 500- está custodiado por efectivos de la Policía Federal que, además de efectuar rondas en todo el predio, vigilan el ingreso del personal. La zona del instituto es vecina de la Villa 21 y linda con la cancha de Huracán.