1 de agosto 2008 - 00:00

Picolotti protege las pieles que Cristina usa

Tanta literatura (o crónicas) sobre el vestuario de Cristina y ni una palabra, nunca, sobre otra dama del equipo: Romina Picolotti, secretaria de Medio Ambiente, quizás en zona roja por su alineación anterior con Alberto Fernández. Pero ella no importa por lo que dure o no en el cargo, sino por el estilo de ropa que le impuso a su gestión: cierto naturismo, como si no le interesara el tema. La filosofía de Romina es que tanto ropa como lookeo no son ni accesorios, ni se complementan. Menos aún: no son necesarios. Prescinde. Para ella, la vestimenta es nada más que para protegerse del medio ambiente (ventoso, frío, húmedo, caluroso). Se corresponde al cargo.

También esta demostración de estar más allá de la mundanal moda es un modo de comunicación, un cuidado mensaje de no hacer y no decir, diciendo. El 'no-me-interesa' la ropa provoca, en señores de 60, cierta fantasía de naturismo prístino y, es cierto, del más puro. Y hasta sospechas de que la Picolotti se olvidó, quizás, alguna prenda (de la que se liberaron las hippies) en el ropero. Aunque para ser justa, la secretaria se tira encima equipos de pantalón y blazer de buena confección, comprados en las foráneas Gap o Banana Republic, que tienen una línea «eco» para aquellas quisquillosas que no pueden soportar sino productos naturales sobre la piel. O que necesitan militar, con la ropa, además, contra el calentamiento del planeta.

Los colores Picolotti buscan no salirse del muestrario de tinturas naturales. Tampoco agredir. Con lo cual, el «no me importa» es, finalmente, un « negligee» cuidadosamente estudiado. Arena, celeste cielo, verde cardo, marrón quebracho, rosa pálido, pertenecen a la paleta de Romina. Nunca jamás una gota de maquillaje. Como si le hubiera donado de por vida toda su cuota-parte de revoques y pinturitas a Cristina. Tampoco accesorios. A lo sumo un chal, puesto alrededor del cuello a la «sans façon». Eso sí: Romina cambia diariamente los aros que son todos, como corresponde, de diseño étnico. Y para elegir: pampas, incas, quetzales o amazónicos. De plata, combinados con piedras duras y semillas.

Finalmente, lo que debiera haber sido lo primero: la cabeza. En la Picolotti es casi un postulado político frente a las pasteras. Nada de tinturas, nada de contaminantes. Mejor las canas que los decolorantes. Alguna congénere malvada deslizó «también nada de peine», pero en su descargo se puede alegar que a la secretaria de Medio Ambiente le tocan muchas actividades al aire libre. Y eso contribuye a que su look sea, además de todo lo dicho, bien despeinado.

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