La fuerte sequía que afecta al sur de Brasil redujo a la mitad el volumen de agua que cae por las famosas cataratas del río Iguazú y dejó a la vista gran parte de sus paredones y hasta la basura acumulada en el fondo de las cascadas.
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Según los datos suministrados por la administración del Parque Nacional del Iguazú en Brasil, la prolongada ausencia de lluvias en el sur del país redujo el volumen de agua que cae por las cataratas de los 1,2 millones de litros por segundo promedio en esta época del año a apenas 600.000 litros por segundo.
Ese volumen de agua es hasta cinco veces inferior al que se registra en los períodos de fuertes lluvias, cuando el enorme paredón que separa Brasil de Argentina es totalmente cubierto por las aguas.
Pese a que la sequía redujo la belleza de uno de los locales turísticos más famosos, ya que lo dejó sin su característica y extensa cortina de agua, el número de visitantes en abril permaneció estable respecto al mismo mes del año pasado, según la administración del parque nacional.
Con la peor sequía vivida en el sur de Brasil en los últimos 80 años, el agua dejó de fluir por algunas de las 275 cascadas que componen las cataratas y que se extienden por cerca de 2,5 kilómetros, con lo que actualmente son más visibles los paredones que la cortina de agua.
La sequía llegó a tal punto que también dejó a la vista parte de la basura que se acumula en el lecho del río y que está siendo retirada por voluntarios de una organización no gubernamental.
Los voluntarios, integrantes de una organización que promueve deportes extremos, han retirado varios kilos de basura acumulada, que va desde los desechos arrojados por las ciudades recorridas por el Iguazú hasta las pilas para cámaras fotográficas y las monedas que dejan caer los turistas.
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