26 de septiembre 2008 - 00:00

Presidentes y cine: por sus gustos los conoceréis

A Raúl Alfonsín le gusta el cine francés, sobre todo los policiales. En los tiempos de su presidencia, contó una vez, no se perdía el ciclo Cine Club de Salvador Sammaritano en ATC, que solía especializarse en películas de ese país. Carlos Menem era un tanto más ecléctico: le gustaba de todo, siempre que se lo proyectaran en Olivos, aunque muchas veces (algunos dicen las más) solía adormecerse un rato antes del final. Pero, en general, los presidentes argentinos no suelen manifestar muy explícitamente sus gustos cinematográficos. Se sabe, por ejemplo, que Cristina de Kirchner (en sus años de senadora) pidió, también en Olivos, una proyección de «La reina», aquella notable película inglesa que le valió el Oscar a Helen Mirren.

En los Estados Unidos, sin embargo, los interrogatorios de los periodistas durante las campañas presidenciales nunca dejan de lado el tema de las debilidades en materia de cine, y suele haber sorpresas. Como la de este año, cuando el candidato republicano, John McCain, confesó, tal vez sin pensarlo demasiado, que su largometraje favorito era «¡Viva Zapata!», de Elia Kazan. O sea, la vibrante biografía del revolucionario mexicano que encarnó, en los años 50, Marlon Brando. De inmediato, tal vez para ablandar la respuesta, mostrar un corazón sensible o, quién sabe, ganarse a cierta franja del electorado -o perderla definitivamente-, respondió que su segunda película favorita era «Bambi», de Walt Disney. No aclaró si lloraba o no cuando la veía.

  • Respuesta obvia

  • La respuesta de Barack Obama, en cambio, sonó un tanto obvia y de «campaña»: dijo que era «El candidato», con Robert Redford, la historia de un joven abogado idealista que se presenta a una elección para el Senado con todos los pronósticos en contra, pero termina ganando. «Jamás me canso de verla», respondió Obama. «El idealismo de Redford me retrotrae a días mejores. Dicho esto, por alguna razón mi equipo no me deja ver el final». En el film, después de ganar, el personaje de Redford bajaba sus banderas.

    En el pasado, algunos otros presidentes también habían revelado sus preferencias. Por caso, la película favorita de John F. Kennedy era «Espartaco», de Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas. Richard Nixon era fanático de «Patton», la película que escribió Francis Ford Coppola, dirigió Franklin J. Schaffner y le dio el Oscar al colosal George C. Scott. Ronald Reagan, pese a haber azotado al cine con tantos films indigeribles, tenía curiosamente como favorito el western más «liberal» de la historia, «A la hora señalada», con Gary Cooper. Un periodista escribió: «Si Reagan tenía el gusto suficiente como para apreciar esta película, ¿cómo fue que aceptó filmar «Bedtime For Bonzo»? (la película en donde interpretó a un profesor que trataba de demostrar, usando al chimpancé Bonzo, las características humanas de los simios, y que está considerada una de las peores hechas en Hollywood). George W. Bush, en distintas ocasiones, ha manifestado que sus films favoritos son «Austin Powers: el espía seductor», «La caída del Halcón Negro» y «Rescatando al soldado Ryan». Bill Clinton es un melancólico, al menos por sus gustos en cine: su película favorita es «Campo de sueños», la nostálgica historia de un jugador de béisbol, Kevin Costner, que sale al encuentro de los fantasmas de viejos jugadores, entre ellos su padre.

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