La muerte de Alejandro Zalazar, un médico del Hospital Gutiérrez y exresidente del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, encendió las alarmas en el ámbito sanitario porteño.
La investigación apunta a fiestas privadas donde anestésicos hospitalarios se administraban con bombas de infusión, provocando riesgo de apnea y muerte súbita.
El propofol es un agente de uso intravenoso empleado en hospitales para inducir y mantener la anestesia general.
La muerte de Alejandro Zalazar, un médico del Hospital Gutiérrez y exresidente del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, encendió las alarmas en el ámbito sanitario porteño.
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El fallecimiento ocurrido el 23 de febrero fue atribuido a una sobredosis de propofol y fentanilo, dos potentes fármacos utilizados habitualmente en anestesia.
El caso derivó en la investigación de un especialista del Hospital Italiano que, según distintas fuentes, habría proporcionado estas sustancias fuera del entorno clínico bajo la propuesta de lo que algunos describen como "viajes controlados". A continuación, conocé los detalles.
De acuerdo con el sitio MedlinePlus, el propofol es un agente intravenoso empleado en hospitales para inducir y mantener la anestesia general, así como para sedar pacientes durante procedimientos como endoscopías, punciones o cirugías.
En unidades de cuidados intensivos también se utiliza para sedación de personas con ventilación mecánica. Su acción consiste en modificar la actividad de neurotransmisores en el cerebro, lo que genera un estado de profunda relajación según la dosis administrada.
Un nuevo estudio desarrollado neurocientíficos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos reveló que el fármaco "induce la inconsciencia alterando el equilibrio normal del cerebro entre estabilidad y excitabilidad".
"El cerebro tiene que operar en este filo de navaja entre la excitabilidad y el caos. Tiene que ser lo suficientemente excitable para que sus neuronas se influyan entre sí, pero si se excita demasiado, se descontrola y se descontrola. El propofol parece alterar los mecanismos que mantienen al cerebro en ese estrecho rango de funcionamiento", explicó Earl K. Miller, profesor de neurociencia de Picower y miembro del Instituto Picower de Aprendizaje y Memoria del MIT en una nota de "Infosalus".
Además, el propofol se combina frecuentemente con fentanilo, un opioide de acción potente, para reforzar el efecto. Ambos medicamentos de manera individual o conjunta pueden provocar depresión del sistema nervioso central, lo que en cantidades elevadas puede derivar en apnea, es decir, la suspensión de la respiración.
En entornos hospitalarios, esta situación se controla mediante ventilación asistida, utilizando dispositivos para suministrar oxígeno y mantener las funciones vitales del paciente.
Fuera de este contexto, representan un riesgo extremo: incluso pequeñas variaciones en la dosis pueden ser letales, ya que no existe la asistencia inmediata necesaria para revertir el síntoma.
Su uso indebido o recreativo, como se sospecha en el caso investigado, puede derivar en sobredosis y muerte súbita.
Además, se requieren precauciones especiales y tiene que ser evitado en personas alérgicas a sus componentes, mujeres embarazadas o en lactancia, o en quienes tengas problemas neurológicos, pancreáticos o metabólicos.
Incluso administrado en condiciones seguras, puede provocar somnolencia, disminución del estado de alerta, sarpullido, urticaria, maros, arritmias, espasmos, náuseas o complicaciones respiratorias.
La investigación comenzó tras la muerte de Alejandro Zalazar, quien fue hallado sin vida en su domicilio. Las pericias determinaron que la causa fue una sobredosis de propofol y fentanilo.
Al analizar la trazabilidad de los fármacos encontrados, se confirmó que provenían del Hospital Italiano de Buenos Aires, lo que llevó a focalizar las pericias en un especialista de esa institución, identificado como H.B., quien ocupaba un cargo relevante dentro del área de Anestesiología.
Según fuentes médicas, el profesional presentó su renuncia apenas se comprobó la procedencia de los medicamentos. Además, una residente de tercer año (D.L.) fue apartada de sus funciones.
En paralelo, la institución abrió un sumario interno y presentó una denuncia para establecer responsabilidades.
“El Hospital reafirma su compromiso con la seguridad y la calidad en todos los procesos de atención de sus pacientes”, explica el comunicado firmado por la Dirección. Ahí destacan que trabajan en conjunto con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA).
Las evaluaciones policiales revelaron dos posibles escenarios. Por un lado, la existencia de "viajes controlados", experiencias en las que, a cambio de dinero, se administraban dosis de estas drogas para inducir estados de relajación extrema, supervisados por un tercero preparado para asistir ante episodios de apnea.
También circulan reportes de fiestas privadas y sexuales donde estas sustancias se suministraban a un círculo de conocidos, organizadas por un pequeño grupo de profesionales de distintos hospitales porteños, apodadas como "Propo-fest".
Actualmente, la justicia analiza los teléfonos secuestrados y los registros de las bombas de infusión encontradas.
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