Médicos del hospital Pedro de Elizalde implantaron un corazón artificial a una beba santafesina de 17 meses que padecía una cardiopatía congénita, durante una operación de alta complejidad que se realiza por primera vez en América latina.
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El equipo del Servicio de Cirugía Cardiovascular del hospital le implantó el pasado 14 de diciembre a Berenice Molina un corazón artificial que fue traído de Alemania y que permitirá que la pequeña pueda vivir, mientras se espera la llegada de un corazón humano para realizarle un trasplante definitivo.
Florentino Vargas, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular, explicó que la beba es oriunda de la ciudad santafesina de Villa Gobernador Gálvez y fue derivada a la ex Casa Cuna para un trasplante cardíaco. El cirujano precisó que Berenice llegó al hospital con siete kilos de peso, un diagnóstico de anomalía coronaria y miocardiopatía dilatada, y presentaba deteriorada la mayor parte de su músculo cardíaco.
Vargas dijo que la beba, después de dos meses de internación por insuficiencia cardíaca, estaba incluida en la lista de espera del Incucai para « realizarle un trasplante de corazón». «Pero en las últimas semanas, la situación requirió la internación en la sala de terapia del Servicio de Cirugía Cardiovascular porque el corazón de Berenice requería la ayuda de medicación para poder contraerse», puntualizó.
• Dilatación
En ese sentido, indicó que «la dilatación de su ventrículo izquierdo había progresado hasta un diámetro mayor que el de un corazón adulto y había desarrollado un trombo ( coágulo) de gran tamaño en su aurícula izquierda, por la contracción inefectiva y el estancamiento de la sangre en las cavidades cardíacas».
Señaló que ante esta situación, los médicos decidieron poner a la beba en lista de « urgencia» del Incucai, pero al ver que «corría peligro de vida se optó por evaluar la posibilidad de implantar un corazón artificial que permitiera mantenerla con vida hasta el momento del trasplante».
El implante de corazón artificial es usado en Alemania, a donde viajó Vargas para especializarse en el manejo de ese método. La efectividad de esta cirugía fue probada en 70 niños en Berlín, previamente a las distintas pruebas hechas en Estados Unidos.
Los médicos para implantar el corazón de Berenice debieron bajar la temperatura corporal a 25 grados centígrados, detenerle el corazón y extraerle el trombo de la aurícula izquierda. Posteriormente, el equipo dividió la arteria pulmonar y reimplantó la arteria anómala en su sitio normal de la aorta, para corregir la malformación congénita.
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