Se reabre el debate sobre la eutanasia en Gran Bretaña: enferma pide que la dejen morir

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Se trata de Kelly Taylor, de 30 años. Tiene problemas coronarios, pulmonares y en la espina vertebral por lo que le dieron menos de un año de vida. Solicitó que le aumenten la dosis de morfina para ser inducida a un estado similar al coma y no ser alimentada de forma artificial.

Una ciudadana británica, enferma terminal de 30 años, emprendió hoy una batalla legal para lograr que los médicos accedan a dejarla morir, informaron fuentes judiciales.

Kelly Taylor, a quien los doctores han dado menos de un año de vida, pretende que los facultativos que la tratan incrementen la dosis de morfina para inducirla a un estado similar al coma, a lo que éstos se niegan por considerar que eso supondría cometer eutanasia.

En un testamento vital, la mujer, que tiene problemas coronarios, pulmonares y en la espina vertebral, también solicita que no se la alimente de forma artificial. "No quiero recibir más cuidados. Quiero hacer valer mi propia independencia", dijo a la cadena británica BBC la mujer, que confesó sufrir unos dolores inmensos. "No entiendo muy bien qué hago aquí. Vivo día tras día sólo por pasar el día. No quiero estar aquí", añadió Kelly.

En una vista preliminar celebrada en el Tribunal Superior de Justicia de Londres, sus abogados plantearon que en virtud de la Convención Europea de los Derechos Humanos, que prohíbe el trato "inhumano o degradante", no debe negarse a la mujer tomar las iniciativas para acortar su vida.

El juez, Andrew Kirkwood, decidió la celebración de una vista completa sobre el caso, que comenzará el próximo 26 de marzo.

La mujer padece el síndrome de Eisenmenger, que le produce hipertensión pulmonar y problemas coronarios, así como el síndrome de Klippel-Feil, una enfermedad rara congénita que consiste en la fusión de las vértebras cervicales y la cortedad del cuello.

En julio pasado, la enferma intentó morir por inanición pero tras diecinueve días tenía tantos dolores que decidió que esa situación era aún peor que su enfermedad, por lo que volvió a comer.

Sus médicos han sido incapaces de encontrar una combinación de fármacos que le alivie el dolor, ya que la mujer es alérgica a muchos de los que se utilizan para tratar el síndrome de Eisenmenger.

Kelly, que lleva diez años casada, explica que cuenta con el apoyo de su marido y de sus padres en su iniciativa. El caso puede reabrir el debate en el Reino Unido, donde tanto la eutanasia como el suicidio asistido son en la actualidad ilegales.

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