14 de septiembre 2007 - 00:00
Siete horas de tensión por asalto con toma de rehenes
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Una tradicional
zona de Don
Torcuato vivió
momentos de
zozobra como
consecuencia
de un asalto a
una vivienda
donde tomaron
de rehenes a un
matrimonio y a
sus hijas.
Los investigadores creen que se trató de un robo «al voleo»; que los asaltantes vieron que las víctimas estaban por salir de la casa y aprovecharon el momento para sorprenderlas. Tras la denuncia, móviles de la seccional local arribaron al lugar y rodearon la manzana de la casa, donde los delincuentes se atrincheraron con el matrimonio y sus hijas de rehenes.
De acuerdo con el relato de Martín, al verse rodeados por policías, los delincuentes dijeron a María Julia que saliera y les dijera que estaba todo bien, momento en el que uno de los efectivos la tomó de un brazo y la puso a resguardo.
A partir de entonces, los policías comenzaron a dialogar con los delincuentes para que depusieran su actitud. El diálogo quedó luego a cargo de un negociador del Grupo Halcón de la Policía Bonaerense, mientras que más de 50 efectivos delimitaron un perímetro de tres cuadras a la redonda de la vivienda de los Taborda para evitar que los asaltantes escaparan.
Luego, los policías desalojaron a los vecinos del barrio, situado detrás del Hindú Club, donde reside el actor Juan Vitali, quien en mayo pasado fue baleado por dos ladrones que lo asaltaron en su casa ubicada en la misma manzana que la vivienda de los Taborda.
El barrio está a unas cinco cuadras de la villa San Pablo, una de las más populosas y peligrosas de la zona y donde residía el mítico secuestrador Sergio Leiva, alias «El Negro Sombra».
Los vecinos contaron que Taborda trabaja en un comercio de artículos náuticos, que su mujer colabora en una iglesia de Don Torcuato y que las niñas van a un colegio de la zona.
Los policías actuaron bajo las órdenes del fiscal N° 1 de Tigre, Santiago Quian Zabalía, quien también estuvo presente en el lugar y conformó el comité de crisis, cuyo centro de operaciones funcionó en una escuela cercana a la vivienda asaltada.
Mientras María Julia era contenida por especialistas del Centro de Protección de los Derechos de la Víctima (CPDV), los delincuentes exigieron un automóvil para escapar. El negociador del Grupo Halcón no cedió y persuadió a los asaltantes para que liberaran a las niñas que habían sido encerradas en su habitación, lo que ocurrió cerca de las 12.30.
Tras comprobar que las niñas estaban ilesas, el negociador continuó la conversación, al tiempo que llegaba al lugar una familiar de los asaltantes, que sólo pidieron cigarrillos. Finalmente, minutos después de las 14, los delincuentes dejaron ir a Taborda, arrojaron sus armas y se entregaron a la Policía sin ofrecer mayor resistencia.
«Se entregaron por la presión psicológica y el diálogo con los negociadores», dijo el comisionado Ernesto Araguez, titular de la Jefatura Departamental-Tigre. «La premisa fue salvaguardar en todo momento la vida y la integridad física no sólo de los rehenes, sino también de quienes estaban cometiendo el delito y de los policías», destacó Araguez.
«No hubo violencia contra los rehenes salvo por las amenazas con armas», dijo el inspector Jorge Nasrala, titular de la Jefatura Distrital Tigre. Al término de la toma de rehenes.



