15 de octubre 2007 - 00:00

Sin gerundios, Perón no podría combatir al capital

Mucho más radical y ejecutivo que Gabriel García Márquez, quien en un olvidado Congreso de la Lengua propuso la abolición de la inservible hache, el gobernador de Brasilia, José Roberto Arruda, la emprendió días atrás contra el gerundio. Y por decreto: en los documentos administrativos de la capital del Brasil ya no se podrá emplear ese tiempo verbal.

La cólera de Arruda tiene razones menos estilísticas que políticas. El gerundio, tal vez el más desdichado de los tiempos verbales, suele ser -y no sólo en portugués- perezosa estratagema de indefinición («estaremos llegando a tal hora») o eufemismo simple de algo que jamás se hará, o que improbablemente se haga. Eso fue lo que sacó de quicio a Arruda: convencido de que un gobierno eficaz no puede apoyarse en gerundios sino en infinitivos y participios (es mejor el «hacer» y lo «hecho» al «haciendo»), firmó el decreto abolicionista. Desde luego, la prohibición no trasciende el marco específico de la papelería pública, ya que el gobernador no prohibiría, al menos por el momento, su empleo cotidiano o literario (nada de llamar «Esperar a Godot» al clásico de Becket, por ejemplo, aunque no quedaría tan mal).

  • Anécdota

  • El despótico llamado de atención de Arruda nace, según se ha dicho, de lo que los brasileños llaman «gerundio de telefonista», esa irritativa forma verbal que consiste en decir «lo estaremos llamando» por «lo llamaremos». El ingenio popular que suele manifestarse en los blogs, la más democrática de las formas literarias desde Gutenberg hasta hoy, rescató una anécdota, seguramente apócrifa aunque muy gráfica: cuentan que una vez Borges le dijo a Armando Bo: «Usted es un gerundio», acaso el más despectivo de los agravios a los que podía atreverse.

    Más que de telefonistas imprecisas, el gerundio mal empleado suele ser también el resultado de la inflación en el idioma: como tal, se lo encuentra con frecuencia en trámites, expedientes y protocolos, formas literarias siempre necesitadas de completar fojas: así, «siendo las diez de la mañana» sustituye, innecesariamente, la claridad de «a las diez de la mañana». Pero lo coloquial tampoco le escapa a la tentación gerúndica: no es infrecuente, en México, que se salude con un «¿Qué haciendo?» en vez del simple «¿Qué tal?», de cuyo empleo no hubo aún contagio.

    Hay que reconocer, sin embargo, que el abuso del gerundio no es privativo de las lenguas latinas. Aunque sus raíces se remontan al latín (Ovidio y Cicerón sólo recurrieron a él cuando era imprescindible), la gerundización excesiva es, en realidad, un anglicismo: el inglés, inclusive literariamente, no se priva de explotar el gerundio, y muchas veces la traducción al español de varias películas famosas han evitado la forma original con variantes más ricas: «Being There» fue «Desde el jardín», «Working Girl» fue «Secretaria ejecutiva», y hasta el clásico de Niní Marshall fue «Mujeres que trabajan» en lugar de «Mujeres trabajando».

    Por el contrario la prensa, mediante impertinentes subordinadas, suele gerundizar a gusto, aunque la tendencia es por fortuna declinante: «Chocan dos autos hiriéndose sus ocupantes», «Habló el candidato prometiendo felicidad».

    El gerundio, de tan pobre linajeliterario, es además la más monstruosa de las formas verbales: conocido también como «participio presente», indica casi un contrasentido; es decir, una acción pretérita que aún se ejecuta. No es por azar, entonces, que se lo tienda a emplear para expresar contenidos improbables o falaces («estamos ganando») o, de manera más pedestre e injustificada aun, para evitar una rima consonante: ¿por qué si no el «Visto y considerando» de los decretos en lugar de «Visto y considerado»? ¿No se consideró lo visto cuando se decidió promulgar el decreto en cuestión?

    Cuando Jorge Asís fue secretario de Cultura propuso (sólo por unas horas) la castellanización de todas las expresiones públicas en inglés. El escándalo fue mayúsculo. ¿Qué pasaría hoy si un gobernador, como Arruda, propusiera la abolición del gerundio con el fin de obtener mayor claridad? En principio, en el Himno Nacional no habría inconvenientes ya que Vicente López y Planes no empleó gerundios. Sin embargo, en las provincias peronistas debería introducirse una pequeña modificación en la Marcha: «combatiendo al capital» pasaría a ser, según la orientación: «y combatió al capital» o «y quiso combatir al capital pero se arrepintió». La falta de gerundio obliga a definirse.

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