15 de abril 2004 - 00:00

AMIA abre frente polémico al gobierno

No será el mejor regreso de Néstor Kirchner. El Presidente, un afecto a manejar una agenda de temas políticos, se topará con un nuevo conflicto que pondrá en aprietos a su gobierno. Si antes fue el sensible tema de la inseguridad el que aumentó su estrés, ahora está latente una crisis de proporciones con consecuencias internacionales: el juicio por el atentado terrorista a la mutual judía AMIA ya es un escándalo.

El apartamiento de dos fiscales puso en riesgo la continuidad del juicio oral y público, justo cuando se estaba a 45 días de producir condenas. Se evalúan dos escenarios posibles: la suspensión del juicio o la nulidad total, que significaría volver a hacer un nuevo juicio. O sea, empezar de cero después de 10 años de investigaciones y de dos años de debate público.

• Recusación

La primera reacción devino de la propia Procuraduría General de la Nación. Luis González Warcalde llamó ayer a sus fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia y les sugirió que recusen a los integrantes del Tribunal Oral Federal por «arbitrariedad».

El procurador entendió que la decisión de los jueces Gerardo Larrambebere, Miguel Pons y Guillermo Gordo de apartar a sus fiscales del caso AMIA afectaba el trabajo de toda la fiscalía y que, por lo tanto, le correspondía encabezar la ofensiva contra el Tribunal Oral.

Mullen y Barbaccia prácticamente tenían anoche decidido recurrir a la Cámara de Casación -máximo tribunal penal del país-para apelar la resolución que los sacó de la investigación y evaluaban con atención pedir la suspensión del juicio. Aunque, buscaban que Casación se pronunciara en 48 o 72 horas para no obstaculizar el último tramo del juicio.

Su separación no es mero detalle: debilita la acusación contra el reducidor de autos
Carlos Telleldín y la banda de policías bonaerense encabezados por el comisario Juan José Ribelli.

Es la lectura que se desprende de la resolución del Tribunal, que entendió que ambos fiscales consintieron el pago de 400 mil dólares que la SIDE le hizo a
Telleldín para lograr una confesión e involucrar en el caso a los policías bonaerenses.

Este diario pudo saber que el recurso de apelación que se presentará en Casación llevará las firmas de los fiscales
Miguel Romero, Alberto Nisman, Mullen y Barbaccia. El recurso recaería en la sala I de Casación, la misma que tiene que fallar sobre la validez de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y si no satisface las pretensiones de los fiscales, éstos acudirán a la Corte Suprema de Justicia para que resuelva sobre la cuestión.

Por lo pronto los fiscales
Mullen y Barbaccia decidieron no participar más del juicio en lo referido a hablar ante el Tribunal, realizar planteos o contestar a las defensas. Y Romero se encargó ayer de aclarar en la audiencia de debate que su presencia en el recinto no significaba convalidar la decisión del Tribunal.

A la actitud desafiante de la fiscalía también se le incorporó la comunidad judía representada por AMIA, DAIA y Familiares de Víctimas del atentado que están en desacuerdo con el Tribunal. Durante más de 4 horas los principales dirigentes de estas organizaciones evaluaron la estrategia que desplegarían para hacer frente a esta situación.

• La DAIA no se retira

El vicepresidente de la DAIA, Jorge Kirzenbaum, adelantó que su organización no se va a retirar del juicio y no va a pedir la suspensión del mismo. Esgrimió como razón que plantear una estrategia que esté por fuera del marco de juricidad sería perjudicial y dañino para el caso. Este será el criterio que intentarán compartir hoy con el resto de los coquerellantes.

«No vamos a tirar 10 años de investigación. Sabemos que estamos ante una situación gravísima, pero cualquier otra variante que no sea la de persistir en lo jurídico sería altamente peligroso»,
remarcó Kirzenbaum.

En los tribunales de Comodoro Py se interpretaba ayer que la decisión del Tribunal de desconfiar de las investigaciones de los fiscales estaba indicando una línea en la sentencia, es decir, era un indiciario de que no habrá condena o, por lo menos, que habrá muchas absoluciones.

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