- ámbito
- Judiciales
AMIA y Embajada de Israel se pierden en procesos judiciales
La solución del terrible atentado que destruyó la sede de la Embajada de Israel en 1992 se perdió en un laberinto judicial. Lo mismo con el atentado a la AMIA en 1994. Esa vía, necesaria, ¿bastaba para conocer la verdad, sancionar a los culpables y brindar una explicación al público?
En Estados Unidos, aparecieron de inmediato el presidente de la Nación al comando de las acciones, el secretario de Defensa, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el del FBI, la CIA y otros organismos de Estado.
• Cuestiones de Estado
Recuérdese el primer alzamiento carapintada en la Semana Santa de 1987, cuando debió concurrir el juez Alberto Piotti a cargo de San Isidro hasta Campo de Mayo para intimarlosa la rendición. Un hombre solo, vestido de traje y corbata, con una carpeta bajo el brazo, entre las risotadas burlonas de los coroneles y sargentos provistos de fusiles, granadas y pistolas. Esto pareciera desviación indeseada de la guerra antisubversiva de los años '70, porque en otras épocas, como durante el enfrentamiento entre Azules y Colorados, o antes en las revoluciones de 1955 -con gran cantidad de víctimas civiles-, o luego en otras reyertas y alzamientos, como el del brigadier Capellini, los conflictos se dirimían en el nivel militar y político.
Después del gobierno del Proceso 1976-1983, parece haber sobrevenido una exagerada confianza en la ortodoxia judicial como única vía para resolver esos casos. Con los carapintada tuvo que negociar en definitiva el presidente de la Nación en persona, Raúl Alfonsín. El alzamiento de La Tablada fue reprimido por militares, y muy posteriormente juzgado por tribunales civiles. ¿Qué puede hacer un juez al inicio de semejantes acontecimientos? Años más tarde, Alberto Piotti confesaría en una entrevista que aquel día al retirarse de Campo de Mayo lloró de impotencia, tras la segunda y tan inútil como la primera intimación a rendirse al coronel Aldo Rico. Otra prueba de que se trata de cuestiones macropolíticas la aporta el destino final de los alzados en armas, visto que los subversivos de La Tablada resultaron indultados y los sediciosos carapintada devinieron en intendentes, legisladores nacionales. ¿En qué quedó la macrocausa por el derrocamiento civil de Fernando de la Rúa y hechos adyacentes? Hubo 25 muertos, ministros y secretarios que abandonaron sus funciones, dirigentes de la oposición acusados de fogonear a los vándalos de la provincia de Buenos Aires... Sin embargo,-en lugar de ser asunto de Estado, nació como investigación judicial. Fojas y fojas que se apolillan, cuando no deriva a la Corte Suprema de Justicia, igual que varios otros casos en que nadie sabe qué resolver.
Se dice que Irán pasó de comprar 350 millones de dólares anuales en exportaciones argentinas a 700 millones luego de los atentados terroristas. Y que detrás de aquéllos estarían la Yihad Islámica y Hamas. No caben dudas de que Bin Laden es un genio del mal, un hombre brillante abocado a la destrucción de Occidente, con vastos recursos económicos personales, adeptos seguidores en muchas partes del mundo, más un buen número de países ricos que colaboran detrás. ¿Cómo puede concebirse que un par de asalariados estatales argentinos vaya a lidiar con semejantes poderesy presiones? La prueba es que en los otros países se llega inmediatamente a la verdad: se arrestan sospechosos, masacran culpables, incluso pierden la vida inocentes, se toman medidas con implicancias constitucionales como la expulsión de residentes extranjeros, el congelamiento de cuentas millonarias, la cancelación de visados, reforma de leyes históricas, todo sin consultar a jueces ni a Parlamento ninguno.
• Sainete criollo
Decía Perón que si se desea que un escándalo quede en nada, debe nombrarse una comisión investigadora. «Cuando el asunto queda a cargo de una comisión -a más numerosa tanto mejor-, empiezan por nombrar secretarios, coordinadores, asesores, eligen quién presidirá; discutenel reglamento interno de cómo va a funcionar, alcances de sus dictámenes, días en que se reunirán, y allí ya se pierden dos meses.» Al menos en la Argentina. Y la vía de las causas judiciales para asuntos macro de Estado parece funcionar igual. El juicio de la AMIA, y su causa conexa la voladura de la Embajada de Israel, ha sido un ejemplo típico, un clásico del sainete criollo, que llegó a incluir declaraciones de agentes secretos a cara descubierta frente a la prensa internacional. Tras diez años de instrucción y cinco meses de audiencias, los acusados quedaron en libertad, los sospechosos no fueron siquiera imputados, y el juez resultó destituido. Efectivamente, el comisario Juan José Ribelli, quien no pudo explicar el aumento de un millón de dólares en su patrimonio luego de los atentados, y el duplicador de automóviles robados Carlos Telleldín, se encuentran a punto de recibirse de abogados, y libres de culpa y cargo.
Además, podrán pleitear al Estado por la arbitrariedad que se cometió contra ellos.
Los mencionados Hamas y Yihad, o los funcionarios de la embajada iraní que fueron filmados por la SIDE mientras pedían precios de camionetas Trafic (antes de los ataques), ni siquiera resultaron imputados. Y se hallan ofendidos por su sola mención durante los debates. Al otro lado del mostrador, Eamon Mullen renunció a tiempo y se retiró, y el pobre juez Juan José Galeano fue procesado y destituido. Las víctimas y damnificados se han sumado como querellantes a la causa, y exigen junto con entidades judías y personas de bien de toda la Argentina y del mundo el pronto esclarecimiento de los hechos. Apelan a la Corte Suprema, abominan del juicio realizado, aplauden la destitución del juez, sin preguntarse por qué esta línea de acción no se ha visto en ningún otro de los países atacados. Suman y suman folios y legajos a la yerma causa judicial, en este triste e inexcusable sainete criollo.


Dejá tu comentario