27 de septiembre 2004 - 00:00

Boggiano activa conexión vaticana para defenderse

Antonio Boggiano
Antonio Boggiano
"Remover a Boggiano implicaría una nueva pelea con la Iglesia. Además, quién se atrevería a enjuiciar a un representante del Papa." El comentario pertenece a un legislador del peronismo bonaerense, cuyo pensamiento incuba la idea de abandonar el proceso de juicio político lanzado contra el juez supremo Antonio Boggiano.

En las filas del justicialismo se ve como poco probable que el bloque peronista se enrole detrás de la ansiedad del tucumano Ricardo Falú, para producir una nueva vacante en el máximo tribunal de justicia. Hasta ahora Falú tiene como pergamino la cabeza de cuatro jueces supremos, pero es difícil que sume una más. Por eso quizá sueña con ser el nuevo interventor en Santiago del Estero.

A Boggiano se lo acusa de presunto «mal desempeño de sus funciones» en los casos Macri, Meller y Dragonetti de Román. Por esta causa, tres jueces renunciaron (Nazareno-López-Vázquez) y uno fue destituido (Eduardo Moliné O'Connor). Boggiano votó igual que ellos, pero su destino sería distinto.

El especialista en derecho internacional privado es un eterno aspirante a mantenerse en uno de los nueve sillones que consiguió en 1991, un año después de haberse ampliado el número de miembros en la Corte, que de 5 integrantes pasó a tener 9.

Desde que se enteró que Diputados avanzaba en su desplazamiento, concentró las energías en procura de obtener respaldos.

La última semana desplegó un sobrenatural esfuerzo. Se reunió con Patricio Olmos, líder del Opus Dei y viene manteniendo encuentros reservados con el nuncio apostólico Adriano Bernardini.

El prelado es un férreo defensor de la continuidad de
Boggiano en la Corte Suprema, e incluso ha dejado trascender un interés corporativo para frenar el juicio político contra el magistrado. Ese comentario, ya ha llegado al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño.

• Acusación

Ese gesto encontró su correlato en varios legisladores (entre ellos una senadora sanluiseña) que reclamaron al gobierno que cese la embestida contra el cortesano. El Ejecutivo asegura que en esa operación no interviene y culpan de todo al pretencioso diputado Falú.

Para entender el porqué del frenesí puesto por la Iglesia en la defensa del juez supremo basta con señalar dos cuestiones:

• Boggiano y el ex ministro de Educación Juan José Llach son los únicos dos miembros de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, organismo intelectual que depende directamente del Vaticano y desde donde brotan los documentos y el pensamiento profundo de la política papal.

• Además, el Papa designó al juez como consultor del Consejo Pontificio Justicia y Paz. Con la incorporación de
Boggiano ese órgano consultivodel Vaticano cuenta con dos argentinos, dado que también lo integra el sindicalista Carlos Custer, hoy embajador argentino ante la Santa Sede.

Los intentos de desprenderse de
Boggiano tiene su antecedente más cercano en la presidencia de Eduardo Duhalde.

El bonaerense intentó sacárselo de encima enviando a Nueva York, sede de las Naciones Unidas, el pliego con la nominación de
Boggiano para integrar la Corte Penal Internacional.

El trámite se realizó de manera intempestiva ya que se hizo vía Cancillería y sin pasar el pliego para su aprobación por el Senado. Pero, la propuesta no prosperó en el plano internacional y
Boggiano volvió a refugiarse en la Corte Suprema.

El ministro, sindicado como integrante de la llamada
«mayoría automática», se distanció del resto de sus pares cuando manifestó su rechazo a la reelección de Menem.

Volvió a marcar diferencia, cuando en la gestión
Duhalde votó en contra en la sentencia «Tobar», que determinó la restitución de la quita de 13% en el salario de los jubilados, que había sido ordenada por el gobierno de Fernando de la Rúa, y que a Duhalde le interesaba mantener.

En la actualidad es autor de un proyecto de sentencia que
decreta la constitucionalidad de la pesificación, proyecto que tiene un fuerte aval desde el gobierno. Por lo tanto, removerlo de la Corte significa también perder a un hombre clave a la hora de fallar sobre la pesificación, un tema crucial para la economía del país.

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