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Caso Nicosia, símbolo de la "patria pleitera"
• Identificación
Por caso, en el juicio político que le realizó el Congreso, se denunció que en el juzgado de Nicosia se identificaban los expedientes con una letra «T» cuando se trataba de expedientes «truchos» (aquellos contra Ferrocarriles y empresas del Estado de significativo monto) y la letra «L» a las que se trataban por vía «legal».
También se comprobó que las indemnizaciones que reclamaban los abogados y concedía el juez sumaban varios millones de pesos y algunas treparon a los u$s 11 millones y u$s 23 millones, que llegaron a totalizar unos u$s 70 millones. Esa cifra se habría repartido entre los integrantes de esa «cadena de la felicidad» en la que el particular damnificado, generalmente una persona común, cuanto menos instruida mejor, cobraba apenas unas monedas por haber sufrido lesiones o amputaciones.
• Un caso típico fue el de un cartonero, que en 1993 con un Fiat 125 en estado precario, sin luces y con patente vencida chocó con un tren al intentar pasar las barreras bajas. El cartonero presentó la demanda contra la empresa estatal por u$s 3 millones. Nicosia se la concedió. Las pericias las hicieron expertos aparentemente arreglados con el juez; los abogados de Ferrocarriles, increíblemente, no apelaron. El cartonero se enteró por los diarios de la fortuna que supuestamente le habían otorgado; alguien había cobrado mucho más que él.
• En otros casos, cuando ocurría un accidente de trenes, un abogado hacía una raid por las ventanillas de distintas estaciones comprando centenares de boletos de tren de ese día. Luego recorría villas de emergencia o armaba un «casting» con personas de escasos recursos económicos, con secuelas de accidentes (que le faltaran una mano, un brazo) para luego demandar a Ferrocarriles asegurando que el discapacitado se había accidentado en un descarrilamiento. Para dar mayor credibilidad a la demanda, presentaba una historia clínica, obviamente, «trucha».
Esos juicios se tramitaban en juzgados «amigos» como los de Nicosia o de otra jueza ahora fallecida, que disponían millonarios embargos en la tesorería ferroviaria que obligaban a llegar a un acuerdo rápido en los juicios. Caso contrario, el juez fallaba condenando a la empresa estatal al pago de millonarias sumas que se cobraban sin problemas al estar el dinero embargado.


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