4 de febrero 2005 - 00:00

Corte: asumió Argibay y hay mayoría para anular las leyes de Punto Final

La asunción de Carmen Argibay le aportó ayer a la Corte Suprema de Justicia (y al gobierno) el quinto voto que le hacía falta al tribunal para invalidar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. El juicio político contra Antonio Boggiano había puesto en peligro un fallo en ese sentido, porque el juez supremo amenazó con abstenerse hasta conocer el resultado de su proceso. Ahora, con Argibay ocupando la silla que dejó el fallecido Guillermo López, el camino quedó despejado para declarar la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad. Esa es la postura que comparten Enrique Petracchi, Eugenio Zaffaroni, Elena Highton de Nolasco y Juan Carlos Maqueda. Tomarán como antecedente el fallo de la Corte que confirmó la condena al ex agente de inteligencia chileno Enrique Arancibia Clavel por el asesinato del general trasandino Carlos Prats. Mucha preocupación en las Fuerzas Armadas.

Corte: asumió Argibay y hay mayoría para anular las leyes de Punto Final
L a abogada Carmen Argibay asumió ayer como jueza de la Corte Suprema en un acto que pretendió cargar de simbolismo: prestó juramento en la vieja sala donde se hizo el juicio a los ex comandantes de la Junta Militar hace 20 años. Se encargó, además, de que entre los invitados estuviesen nada menos que los integrantes de ese Tribunal: A n d rés D'Alessio, Ricardo Gil Lavedra y el ministro de Seguridad bonaerense León Arslanian.

«No tiene ninguna connotación especial, Argibay hizo este pedido expresamente por la edad de la gente invitada y los escasos ascensores que existen en el palacio»,
confió un funcionario del Ministerio de Justicia.

El comentario resultó, al menos, una irónica justificación. Sabido es que la ex integrante del Tribunal Penal Internacional de La Haya permaneció nueve meses detenida ilegalmente en 1976 en una cárcel de Devoto, cuando se desempeñaba como secretaria en la Cámara de Apelación Correccional y Criminal, el mismo lugar donde ayer se hizo el acto.

«Juro por el Honor y la Patria»,
voceó la flamante ministra al asumir el cargo, luego de desechar la tradicional fórmula que normalmente incluye a Dios y los Santos Evangelios, para mantenerse fiel a su declarada militancia «atea».

Autodefinida a favor de la despenalización del aborto y férrea defensora de los derechos humanos, su designación generó no poco malestar en la Iglesia y en las Fuerzas Armadas. Precisamente, la elección del lugar del acto acentuó la preocupación que existe en las fuerzas de seguridad. La nueva jueza debe intervenir en un fallo que deberá decir si la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que dispuso el Congreso es válida o ilegal. De ese fallo depende el proceso reabierto contra unos 2.000 militares que fueron beneficiadoscon las «leyes del perdón-». Argibay representa el quinto voto que el Tribunal está esperando para avalar la nulidad de esas leyes, ante la posibilidad de que Antonio Boggiano se abstenga o vote en contra. El antecedente que respaldará ese criterio será el fallo por el asesinato del general chileno Carlos Prats.

En ese caso, el tribunal declaró imprescriptibles los crímenes de lesa humanidad y ordenó que siga preso el ex agente de inteligencia E n r i q u e Ar a n c i b i a Clavel.

La penalista asumió su cargo en la Corte siete meses después de la aprobación de su pliego en el Senado, el 7 de julio del año pasado. E s t u v i e r o n presentes todos los ministros de la Corte: Enrique Petracchi, Augusto Belluscio, Carlos Fayt, Antonio Boggiano, Juan Carlos Maqueda, Eugenio Zaffaroni, Elena Highton de Nolasco y el recientemente incorporado Ricardo Lorenzetti. También el procurador Esteban Righi y el ministro de Justicia, Horacio Rosatti.

Vestida con un traje blanco --a rayas de diversos colores, pero más destacadas las grises y negras-, la flamante ministra fue saludada por la mayoría de las personas que concurrieron al acto, lo que incluyó algunas abrazos fraternales y lágrimas de emoción con sus más allegados.

• Reconfortada

«Estoy emocionada y disfrutando del momento», admitió entre apretujones Argibay, quien confesó a sus íntimos sentirse reconfortada porque su madre, Ana Rosa Carle Huergo, de 94 años, pudo presenciar su consagración profesional.

No sólo resultó poco habitual que el acto no se hiciera en el cuarto piso del Palacio de Tribunales -donde asumieron la mayoría de ministros-, además de que se abandonara la fórmula de rigor en la jura, sino también que
salieran a relucir algunas copas de champagne para festejar, en la misma sala del juicio a las juntas, la llegada de Argibay al máximo tribunal de Justicia.

La ministra se convirtió en la segunda mujer en integrar la Corte junto a Highton de Nolasco. Es también la cuarta incorporación a la Corte que se realizó por decisión del presidente Néstor Kirchner.

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