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Filtración de prensa llevó más nerviosismo a la Corte
Vázquez intentó aplacarlo al decir que no lo acusaba de dar deliberadamente esa información a la revista, sino de que el origen estaba en su oficina.
Reyes -a quien algunos por el poder que le da su rol de administrador de la Corte lo consideran «el décimo juez»- cerró la discusión con esta respuesta: «Además, el juicio político que te han iniciado no es por esto, es por otras causas».
•Pedido
Cuando Vázquez amagaba con el qué me querés decir, Carlos Fayt dio por cerrada la discusión que por el tono de los vozarrones podría llegar a mayores.
Las relaciones en esta Corte móvil dan para este tipo de anécdotas. Ayer el cuerpo, por ejemplo, apenas se dio por notificado del dictamen del procurador general de la Nación -jefe de los fiscales-, Nicolás Becerra, que respondió a la apelación de Eduardo Moliné O'Connor sobre qué conjueces deben tratar su caso, si la integrada por los abogados que designó el año pasado Eduardo Duhalde o la que se ha sorteado y forman los presidentes de las cámaras federales.
Moliné había pedido la nulidad de ese traslado a Becerra que dice ahora que deben considerar el caso los camaristas. Pero los miembros de la Corte eludieron el debate y lo dieron por abstracto el reclamo de Moliné.
Más aún, nadie comentó el párrafo del dictamen de Becerra que dice que no hubo negación de la defensa para Moliné en el juicio político del Congreso, algo por lo menos controvertido como afirmación.
Este hecho demuestra que esa caricatura de una Corte corporativa en defensa de sus miembros es una ficción que nunca se produjo.
Desde la asunción de Eugenio Raúl Zaffaroni, además, la existencia de bloques ha terminado. No se han dado vuelta las mayorías preexistentes, por lo menos, en las cuestiones «calientes» o de gran resonancia. Tanto que en un caso como la pesificación de los depósitos sigue sin formarse un criterio mayoritario en cuanto a admitir o rechazar la queja de los ahorristas que esperan la devolución en dólares.
Lo mismo ocurre con la constitucionalidad de las leyes de punto final. Hoy ese caso ha pasado a consideración de la Cámara de Casación Penal, pero ni con Zaffaroni debutante, Julio Nazareno y Guillermo López renunciados, Moliné suspendido y Vázquez procesado se ha modificado el criterio vigente en favor de la constitucionalidad de esas normas.
•Criterio
En lo que sí puede verse ya un esbozo de cambio es en el criterio de los jueces sobre cuál es el rol de la Corte. Con el ingreso de Zaffaroni, aumenta el bloque de quienes sostienen que el alto tribunal debe quedar reservado al tratamiento de muy pocas cuestiones y exclusivamente de carácter constitucional.
Según ese criterio, que defienden también Enrique Petracchi, Fayt y Juan Carlos Maqueda, los casos concretos que llegan a la Corte por apelación contra sentencias consideradas arbitrarias deben quedar a cargo de tribunales de Casación que deben crearse para el fuero civil y el procesal (ya existe la Casación penal).
Reservarse para muy pocos casos le daría a la Corte argentina el mismo carácter de las cortes constitucionales europeas, que han inspirado proyectos de creación de un Tribunal Constitucional, diferenciado de la Corte Suprema. Cuando se discutió la reforma constitucional de 1994, el constitucionalista Héctor Masnatta preparó un proyecto que fue finalmente descartado por la oposición de la Corte de entonces que creía perder ya mucho poder en manos del Consejo de la Magistratura para sufrir otro recorte de causas.
La línea Nazareno siempre consideró que la Corte debía ampliar ese espectro en la presunción de que ganaría un poder institucional beneficioso para la salud republicana.
Cuando el gobierno Menem logró la ampliación de la Corte de 5 a 9 miembros, el Tribunal trataba 4 mil causas por año. Hoy recibe 14 mil por imperio del criterio Nazareno de ser generoso en la admisión de los recursos por arbitrariedad.
Hoy es impensable una reforma constitucional para crear una Corte Constitucional, pero la novedad de esta nueva mayoría de reducir la admisión de expedientes a los de estricto debate de la violación de garantías pone en el horizonte un cambio institucional que puede modificar a la Justicia criolla.


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