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La Corte reedita el viejo pacto de Olivos
«Aprobaste; lo único que falta es que te apruebe la señora», le dijo un encumbrado senador a Kogan luego de la reunión. Obviamente, cuando mencionó a la señora se refería a la primera dama, Cristina Fernández de Kirchner.
«Cuando se vaya Nazareno, ustedes van a ocupar ese lugar», le susurró al oído un hombre de gobierno al radical Federico Storani. Pero no lo fue, porque el sillón de Nazareno fue ocupado por el penalista Eugenio Zaffaroni.
No es que Kogan sea una radical de pura cepa. Sucede que su nombre llegó a oídos de Kirchner de boca de Felipe Solá por trasmisión de «Fredi» Storani. Solá se lo comentó al Presidente durante el viaje que hicieron a El Calafate por la venida del rey de España, Juan Carlos. Storani la eligió por una vinculación que existía con el marido de Kogan, quien supo trabar relación con los radicales a través de Antonio Tróccoli. Esa especial relación lo convirtió en el encuestador de la derecha radical y en un clásico de Eduardo Angeloz y Juan Manuel Casella y ahora último para Ricardo López Murphy.
«Me parece que va a ser ella», le habría confesado el Presidente a unos de sus usuales interlocutores.
Atrás quedarían Carmen Argibay, que está en la Corte Internacional de La Haya, y Elena Highton de Nolasco, candidata de Alberto Fernández. La camarista corre con desventaja por haber estado relacionada con Elías Jassan y con su fundación Nueva Justicia. Si esta discriminación fuera así, sería una injusticia, porque más ligado a Jassan estuvo el canciller Rafael Bielsa cuando era el ministro de Justicia.

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