10 de febrero 2004 - 00:00

Le cuesta a Kirchner poner a Argibay y sacar a Vázquez

El dócil Congreso al que arrastró Néstor Kirchner hasta conseguir un apoyo irrestricto a los embates contra la Corte Suprema de Justicia parece ahora querer despertarse de nueve meses de letargo y poner límites a los caprichos presidenciales. Es difícil que el pliego de la penalista Carmen Argibay pase por el Senado sin dejar hirientes rastros en el bloque peronista. Será difícil que Diputados reúna la cantidad de votos suficientes como para destituir al ministro de la Corte Adolfo Vázquez. A Kirchner se le ha planteado un gran problema, y cualesquiera sean sus intenciones frente a ambos casos, en una de ellas se lo vaticina perdedor.

• Advertencia

Sobre el juez supremo Vázquez, los legisladores le vienen advirtiendo al gobierno (desde hace tiempo) que no están dispuestos a apoyar otra destitución de un peronista en la Corte.

Aun así, el escudero kirchnerista Ricardo Falú ha insistido en propiciar el juicio político contra Vázquez. Quizás, olvidando que Vázquez no es Moliné O'Connor, a quien el gobierno logró destituir sólo por un voto. Un cometido que logró poniendo bajo presión a los senadores e instalando al ministro del Interior, Aníbal Fernández, en el recinto como contralor de los que levantaron la mano.

Por el contrario, ahora, la presión del gobierno no podría prosperar con hombres de la talla de Rubén Marín, Carlos Reutemann, Ramón Puerta o Ramón Saadi.

A Vázquez se lo considera un peronista histórico comprometido con el partido (sacando presos en el '76), en definitiva, «un hombre de lucha, un militante».

Hasta
Irma Roy tiene reparos en votar contra Vázquez. Lo mismo le ocurre a Hugo Toledo, que suele comentar en los pasillos: «Yo no levanto la mano contra Vázquez; es un peronista comprometido».

Estas serían las razones sentimentales que ponen nerviosos a los miembros de la Comisión de Juicio Político, temerosos de que su acusación se desbarate antes de llegar al Senado.
Es decir, que el expediente Vázquez se diluya en Diputado.

Las jurídicas tienen que ver con la posición que adoptó Vázquez al votar la causa Meller -presunto motivo de destitución, según Falú-. Los defensores del juez sostienen que tuvo una postura distinta de la de Moliné O'Connor, que votó con observación y con argumentos sólidos que deben ser tenidos en cuenta.

Su desplazamiento no termina de convencer en los sectores ligados al duhaldismo:
«¿Destituir a Vázquez para poner a quién?, ¿para que venga una Argibay?», se reprochan.

Hasta interpretan como todo un símbolo el hecho de que
Vázquez haya participado -como representante de la Argentina- en una conferencia del Mercosur donde se explayó sobre la creación del tribunal del que será miembro el procurador Nicolás Becerra. Se sabe que ese terreno, aunque sea una isla para desplazados, es de Eduardo Duhalde. La invitación no fue casual.

Además, hay otra cuestión que pocos mencionan. Los radicales están enojados con
Kirchner y no piensan prestar su voto para destituir a nadie más hasta adquirir el compromiso de que uno de los nuevos integrantes de la Corte serán de su palo. Han visto resignado el lugar de Gustavo Bossert; la partida de Julio Nazareno, Guillermo López, Moliné O'Connor y el ingreso de Juan Carlos Maqueda, Eugenio Zaffaroni, la nominación de Carmen Argibay y a ellos todavía no les ha tocado nada. Se terminó el pacto. Además, comienza a asustar que en menos de un año un presidente designe a 5 de 9 miembros de la Corte Suprema.

Lo de
Argibay es otras de las cuestiones que amenaza las pretensiones presidenciales. Las expresiones de la jueza del Tribunal de La Haya sobre sí misma («progre», «más de izquierda que derecha», «atea militante») y su postura «a favor del aborto» han terminado por espantar a muchos senadores que estaban dispuestos a seguir la disciplina partidaria y a levantar la mano, aunque con su mirada clavada en el piso.

Si
Duhalde tuvo que llamar a sus senadores para enrolarlos en un voto a favor de Eugenio Zaffaroni (logró 3 votos más de los que necesitaba para llegar a los dos tercios), ahora es poco probable que vuelva a prestarse para salvar al gobierno.

Para un católico activo como es él, le resultará complicado convencer a sus acólitos de que aprueben el pliego de Argibay.

• Impugnaciones

La penalista batió récord de cartas impugnando su postulación (tuvo más que Zaffaroni) y, si bien es señalada como una jurista de nota, su postura en materia de religión y en favor de la despenalización del aborto, un delito que es condenado por los argentinos, divide a los senadores.

Además, comenzaron a preocupar algunas cuestiones. Por caso, la Fundación Bicentenario puso en evidencia que la declaración jurada de Argibay realizada ante el Ministerio de Justicia
«carece de mayor precisión en la individualización de sus inmuebles» (no se consigna domicilio), y en el caso de la siete cuentas declaradas no se especifica el nombre del banco, ciudad o país donde está radicada ni la fecha de apertura. O sea, hubo una involución con respecto a Zaffaroni, mucho más completa y que permitió estudiar su patrimonio y saber que era un evasor.

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