Los investigadores avanzan con una hipótesis sobre la que ya no tienen casi dudas: Southern Winds era una «narcolínea». Un informe reservado revela que la empresa aérea servía como transporte de la cocaína que llegaba de Colombia luego de transitar territorio peruano, Córdoba y Buenos Aires. Que detrás de esta maniobra estaría el poderoso cartel de Norte del Valle, considerado por Estados Unidos como la más temida y poderosa organización de traficantes colombianos. Sus ingresos están calculados en 10 mil millones de dólares y se mueve con el apoyo de las FARC, que alimentan su actividad de recurso ilegal.
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En tanto, las agencias de inteligencia han comenzado a mirar con mayor atención las cargas de los barcos por donde se transportan toneladas de drogas al año. Sabe de la vulnerabilidad de los aeropuertos que, como Ezeiza, permite embarcar cocaína sin que sea detectada, pero hasta ahora le ha prestado poco interés al paso de los camiones que pueden sortear con éxito los controles en las zonas fronterizas.
El sector del transporte en puertos concentra muchos más subsidios de la secretaría manejada el polémico Ricardo Jaime que la actividad aérea.
En tanto, en relación con el caso SW, una fuente que sigue la hipótesis de investigación de la «narcolínea» le comentó ayer a este diario dos datos interesantes:
• «Había tanta seguridad de que las valijas con los 60 kilos de droga iban a salir de Ezeiza que no necesitaron «distractivos» para ejecutar la operación.» Los espías les llaman « distractivos» a las «mulas», personas que son enviadas con dos o tres kilos de droga para ser detenidos y acaparar la atención de seguridad, mientras por otro sector se escurre la carga con droga. También se los utiliza para «probar la ruta», es decir, si la carga puede llegar a destino sorteando los controles. A medida que las rutas son más seguras, aumenta el cargamento.
• La SIDE conocería de la operación antes del 16 de setiembre. La inteligencia argentina tiene en Ezeiza una de sus bases operativas más importantes del país. Se afirma que por el aeropuertointernacional «caminan» unos 200 espías entre agentes orgánicos e inorgánicos. Tiene más cámaras ocultas que las oficiales que dispone Aeropuertos 2000. Además, y esto es lo importante, tiene «background» de este tipo de operaciones. La SIDE no dijo nada hasta noviembre,, después de que la DEA descubrió lo que ocurría en Ezeiza y amenazó con hacerlo público. «Es difícil y hasta llamativo que no hayan advertido el paso de la droga», dijo el veterano investigador. El hombre sostiene que un cargamento de 60 kilos de cocaína no pasa sólo con la complicidad de 10 o de 15 empleados.
Puede que sea una interna entre agentes de inteligencia. Pero en el análisis no pasó inadvertido el rol del ya célebre Jaime Stiusso. Operativamente, el número tres de la central de inteligencia criolla estuvo investigando en los casos más importantes de narcotráfico.
• Agente encubierto
Los registros muestran a Stiusso en: 1995 interviniendo en la Operación Café Blanco (1.200 kilos de cocaína). También provenía de Colombia, pasaba por Perú y llegaba a Córdoba. ¿Pura casualidad? En 1996, en Tormenta Verde y, un año después, en la Operación Strawberry (2.000 kilos de cocaína).
En una de esas operaciones -según el investigador-, uno de los agentes encubiertos pertenecía al Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU). Este diario dio a conocer ayer un informe de Estados Unidos que revela que el grueso de la droga sale por barco. Pero habría otro que vincula el ingreso de la droga en el país por camiones. Son unos pocos los autorizados a transitar la frontera con Bolivia de noche. «Estamos frente a una organización dedicada al narcotráfico instalada en el país.» La definición pertenece a la fiscal Gabriela Ruiz Morales. Se lo dijo a Mariano Grondona, en el programa «Hora clave», del domingo. ¿Le habrá llegado a la fiscal esta información para realizar semejante aseveración?
Los datos que pueblan la causa de las « narcovalijas» conducen a presuntas relaciones de los hermanos Maggio con personajes relacionados con la droga.Y a un «modus operandi» de impartir órdenes sin que queden registradas por escrito.
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