5 de enero 2023 - 00:00

“La casa de las pelucas kosher” y su trastienda de oscuros secretos

Diálogo con Karina Hepner, autora de la obra que tuvo amplia repercusión en el circuito independiente, y que regresa al Espacio Callejón con María Nydia Ursi Ducó y Mariana Álvarez.

Karina Hepner. “Siempre estamos escribiendo sobre nuestra infancia”.

Karina Hepner. “Siempre estamos escribiendo sobre nuestra infancia”.

“Los escritores escriben sobre sus primeros diez años de vida y eso lo comprobé cuando cada semana llenaba la hoja en blanco y construía la obra”, dice Karina Hepner, autora de “La casa de las pelucas kosher”, que se presentó el año pasado y se repone en Espacio Callejón desde el mes próximo.

Con dirección de Pablo Bellocchio, la obra gira en torno de Mirele, la dueña de un negocio de pelucas kosher, que recibe en su casa a tres clientas adineradas. Lo que las visitas no saben es todo lo que la dueña de casa oculta: una vivienda maltrecha, una hija desconectada de la realidad y un taller clandestino.

Actúan María Nydia Ursi Ducó, Mariana Álvarez, Marina Apat, Bettina Brozzo , Hepner, Natalia Imbrosciano, Magalí Meliá, Catalina Motto, Paloma Santos y Brenda Lem. Dialogamos con Hepner.

Periodista: ¿Cuál fue el disparador para escribir esta obra?

Karina Hepner: Me inspiré en la historia que me contó una amiga que vivió hace 30 años en Nueva York y la contrató un grupo de religiosas judías para que los viernes les encendiera la luz y les peinara sus pelucas. Durante siete meses escribí la obra y hoy veo que mi cultura judaica, la que respiré desde mi nacimiento, está presente en mis textos. Alguna vez escuché que los escritores escriben sobre los primeros diez años de su vida y es cierto. Cuando la hoja en blanco empezó a llenarse, dio lugar a un mundo desconocido y conocido a la vez. Cada semana de trabajo fue revelador para mí, la historia empezó a desplegarse y empecé a investigar, a adentrarme en el mundo de la ortodoxia judía, en mi propia historia, en mis ancestros, la comunidad judía en la Argentina, los inicios del teatro judío en los años 30, 40 y 50, el trabajo en los talleres clandestinos.

P.: ¿Cuáles son esos puntos de contacto con su familia? ¿Viene de una familia ortodoxa?

K.H.: Vengo de una comunidad judía socialista, me crié en el Scholem Aleijem, mis abuelos eran comunistas, familia tradicionalista no religiosa, así que cuando empecé a escribir sobre este mundo me puse en contacto con una mujer que se convirtió recién a los 35 años. En su vida anterior había sido bailarina en TV, usaba bikini en Punta del Este y se abrió a contarnos muchas cosas. Hicimos reuniones por Zoom junto con el elenco y vale aclarar que ninguna de las actrices es de la colectividad.

P.: ¿Qué le reveló la investigación y el proceso de escritura sobre su propia historia?

K.H.: Desde siempre sentí curiosidad por el mundo ortodoxo judío. Esas mujeres religiosas me hablaron de su tránsito a la conversión, sus vidas de recato, las tareas cotidianas con sus familias. Indagué sobre mi propia historia, la de mis abuelos, inmigrantes judíos europeos llegados a la Argentina en los últimos barcos antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, quienes trajeron consigo tan sólo su dialecto: el idish, que cuidaron hasta el último día de sus vidas, y vivieron el deseo ferviente de progresar. El idish lo incluí dentro del texto, ya que lo aprendí desde pequeña, y tengo la necesidad y el deseo de evitar su extinción. Quise desde el primer momento ser cuidadosa con la veracidad de la historia, entendiendo que la única verdad es la que uno evoca. Me han dicho que con esta obra hacemos eficaz el engaño, logramos que sea creíble y verdadero.

P.: ¿La obra rinde homenaje al teatro judío?

K.H.: Sí, en nuestro país se inició a principio del siglo pasado. Los teatros referentes de aquella época fueron el Mitre en la calle Corrientes esquina Acevedo, al lado del Bar San Bernardo; el Excélsior frente al Mercado del Abasto; el Soleil, dentro de la Amia hoy en la calle Pasteur, antes llamada Ombú. Luego los teatros vocacionales como el famoso IFT.

P.: ¿Qué contrastes aparecen entre los personajes y las temáticas?

K.H.: Hago un retrato de los diferentes mundos que coexisten como el mundo ortodoxo judío con más dinero, con menos dinero, mujeres muy vulnerables que agarran trabajos por poca plata y terminan en talleres clandestinos de los que no pueden escapar. También está el vínculo conflictivo y doloroso de una madre con su hija con retraso madurativo, y me pregunto qué pasa con una hija con estas características dentro de una comunidad rígida con tantas reglas y contrariedades.

P.: ¿Qué puede decir del teatro de 2022?

K.H.: Después de la pandemia el independiente creció el triple, salimos todos los actores con enorme fuerza así que la oferta es inmensa. El público que vino fue bastante heterogéneo, no sólo de la comunidad judía sino también aquel que no conoce y vino por el boca en boca. El Callejón nos abrió las puertas y nos alegró, porque tiene excelente curaduría y un público cautivo.

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