Novedades Fiscales

La ética frente a la tributación y al gasto

La causa final del impuesto se refiere a la justa redistribución de los impuestos, por lo que resulta necesario lograr consenso.

Resulta indispensable reflexionar en torno a ideas que permitan dilucidar cómo la moral y la ética deberían incidir en el sistema tributario, y la consecuente redistribución de lo recaudado, entendiendo que la interconexión de estos conceptos (tributación y redistribución) debe ser un principio fundamental para la construcción de una sociedad justa.

En esa línea de pensamiento, es menester un nuevo sistema tributario, reelaborando los actuales impuestos sobre la renta, sobre el patrimonio y la imposición al consumo, con un sesgo de progresividad, para paliar los efectos regresivos que tiene el actual régimen impositivo, cuyos principales aspectos a reformular vuelco en reciente libro de mi autoría(1).

En el marco de esas propuestas hago especial hincapié en que la causa final del impuesto se refiere a la justa redistribución de los recursos, y si bien en casi todos los países la distribución real de los ingresos es excesivamente desigual, en ese punto se considera que debería haber consenso en que varios de los principios de la justicia social sean impulsados por el Estado.

1| Construcción colectiva

Pero ello no debe significar que siendo el Estado quien asigna los recursos, los ciudadanos pierdan su capacidad de decidir y planificar sus propias vidas ante el hecho de que las burocracias públicas no dejan de crecer a expensas de la sociedad civil, como sostiene Bernard de Jouvenet. Para evitar esa situación, es menester que se implementen consensos políticos y sociales que permitan definir el destino de los fondos asignados.

En nuestro país es imprescindible avanzar hacia un pacto político y fiscal donde intervengan todos los actores de la sociedad organizados a este fin (partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, ciudadanos, etc.), para corregir las iniquidades que presenta el actual sistema tributario y de redistribución de los ingresos, siendo el Estado quien actúe como árbitro aplicando, de ser necesario, políticas intervencionistas, mas no arbitrariamente dirigistas. Lamentablemente, se sostiene que es casi una utopía pensar que en la actual coyuntura exista una voluntad de pensamientos comunes. La comunidad exige un compromiso con la Justicia, con la paz, con la palabra, con la solidaridad, en una construcción colectiva que permita acceder al derecho de la dignidad humana, a la estabilidad social y a la búsqueda de una nueva prosperidad.

Sin embargo, después de varios años de deliberaciones, se arribó a través de la Asamblea General de las Naciones Unidas que nuestro país suscriba la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, donde se plantean objetivos tales como erradicar la pobreza, priorizar la educación, reducir las desigualdades y afianzar las instituciones.

Nuestro país suscribió dicho acuerdo en el que se prevén objetivos de desarrollo sustentable, creándose en el año 2017 en la órbita del Poder Ejecutivo un organismo responsable de coordinar las acciones necesarias para alcanzar dichos objetivos. El problema que se presenta es que se debe empezar en lo inmediato a dar solución a los temas comprometidos. Esperar tantos años puede ocasionar daños irreversibles para mitigar la pobreza, la desigualdad económica, y para reafirmar la gobernabilidad democrática, entre los otros objetivos planteados.

No alcanza con tener un sistema tributario óptimo. A través de la obra, se plantean dogmas y soluciones concretas para incorporarlas a la legislación actual, con sus elaboraciones e instalando un debate acerca de la factibilidad de su implementación.

Se enfatiza que la ética en la tributación y redistribución no es sino la concreción de un contrato social que dé paso a un pacto fiscal que permita a los países en vías de desarrollo salir de los encierros de políticas erráticas que repiten interminablemente ciclos que van en círculo retornando al estatus inicial, encontrando a los países cada vez más empobrecidos desde lo social hasta lo económico.

2| Palabras finales

A manera de conclusión se puede afirmar que no existe un sistema tributario ideal, pero es deber de la ciudadanía intentar mejorarlo. Y para ello, como para la redistribución del gasto, el camino es la negociación entre los principales actores que integran nuestra comunidad. Ya no es tiempo para seguir dialogando sin metas firmes. Se necesita algo más que una simple declaración de principios. Es hora de lograr consensos en pos de una República digna y del bien común.

(*) Exvocal del TFN. www.ernestoceldeiro.com.ar

(1) Ética en la tributación y redistribución del gasto público, Ed. Errepar, Bs. As., julio 2019.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario

Lo que se lee ahora