Escapada desde Buenos Aires: comer y beber en Cariló, la experiencia perfecta

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Durante los silenciosos meses de la pandemia, la villa no paró su crecimiento en cuanto a oferta se trata. Y todos los laureles se lo llevan las nuevas propuestas gastronómicas.

Con Sara, Anita, Mauricio, Nacho, Pablo, Ezequiel, Javi y tantos otros habitantes compartimos el amor por nuestro hogar, esta porción de bosque y mar que el sol acaricia los 365 días del año. Este rincón donde la vida parece más amable, donde todo fluye al compás de los pájaros, las liebres y el ladrido de los perros.

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Cariló es más que una localidad tranquila de la Provincia de Buenos Aires. Hoy tiene vuelo propio, es un destino turístico con todo lo que se requiere para ser considerado de nivel internacional. Atrás quedó la vieja casa de té con las cabras en el techo. Hoy con más de 7000 plazas para alojamiento y sus decenas de restaurantes y bares donde comer, Cariló se transformó en el destino aspiracional de miles de argentinos que llegan de visita durante todo el año. Y espera una temporada a full.

Durante los silenciosos meses de la pandemia, la villa no paró su crecimiento en cuanto a oferta se trata. Y todos los laureles se lo llevan las nuevas propuestas gastronómicas.

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Desde el antecedente de La Pulpería, parrilla que abrió allá por 1985 sobre la única avenida del pueblo, Divisadero, hasta hoy, alimentarse es un placer que nos ofrecen más de 60 opciones gastronómicas de todo tipo y para todo bolsillo. En un mismo día es posible pasar del exquisito chorizo casero y las empanadas de La Pulpería a la ya reconocida pizza napoletana de Peppe Napoli -con preferencia a la de 4 quesos- , en la Galería Las Alondras. En el interín quedan las tardes de té con pan Stollen embebido con rhum en el histórico Tante, las delicias de Camelia Sensi, las pastas de Josefa o las comidas rápidas – pero caseritas- de Templeton, el único “boliche” donde comer y escuchar música en vivo los fines de semana. Sin olvidar los macarrons de Simplicitea.

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Pablo Algieri sostiene que en sus locales, como Josefa, Templeton y el Ranch House, se tiende a servir “confort food”, todo cocinado con alimentos orgánicos y naturales. “Estamos abiertos todo el año. Es una premisa. Cada lugar tiene su característica y sus platos predilectos. En Salvattore hacemos honor al abuelo siciliano y usamos productos de huerta, mientras que en Josefa podés ver a través de la ventana a nuestro cheff amasando nuestras pastas, mientras comes en el living de la abuela. Cuando nació Templeton pensamos en el público de Cariló y los honramos con músicos de la talla de María Creuza, Iván Noble, Rodrigo Maligot, Willy de Tipitos, Pablo Pandolfo. Juntamos a padres e hijos. Unos vienen por la música y otros por la variedad de tragos”.

En 2020 debutó en Cariló Peppe Napoli. Mauricio Ibarra se mudó en plena pandemia con Natalia y sus cuatro hijos y abrió el primer local especializado en todas las variantes de la pizza napoletana, una tendencia que explotó en Argentina hace poco tiempo. “Los argentinos amamos la pizza en todas sus formas. Claro que esta es diferente. Primero se sirve en forma individual y segundo, la base es muy finita en el centro y alta en la corteza. A la masa madre, preparada con harina doble cero italiana y tras 48 horas de fermentación en frío, se le suma el delicioso tomate Strianesse, se agregan especias y una muzzarella sin conservantes de pulpeta fresca Fior di Latte. El pan de la pizza es ideal para acompañar las picadas con base a proscuitto crudo, cocido italiano y burrata, todo regado con diversas cervezas italianas o vinos de alta gama. Venir a vivir fue un gran cambio de vida para todos. La idea es crecer con Peppe Napoli por lo cual agregamos un Mercato de productos italianos que incluyen pestos, aceite de oliva, fideos, conservas, tomates y salsatis que conforman los principales ingredientes de esta pizza particular. Todo importado y de excelente nivel”, cuenta mientras disfrutamos en la terraza del local.

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A pocos metros está el paraíso de la fondue. Camelia Sensi, que tiene en su menú la opción clásica de fondue de queso -a la cual se le suma jamón cocido, champignones, salchichas alemanas y parrilleras y zanahoria glaseada- y, como novedad, la versión vegetariana. Nacho Cattaneo, su dueño, cuenta que “Camelia es fruto de un largo recorrido. Su nacimiento se remonta en el tiempo, cuando llegamos a vivir a Cariló soñando construir el sitio ideal, un lugar especial para reunir amistades y que fuera como nuestra casa. Camelia Sensi es un nombre de fantasía ligado íntimamente a una antigua leyenda acerca del origen de la planta de té”. A pocos metros está Simplicitea, el reino de su compañera, Florencia Zagaria, Master en pastelería, quien decidió crear un espacio íntimo para tomar el té. Inspirada en el estilo inglés el producto principal de esta Patisserie son los macarones, que llaman al paladar desde la vidriera junto a otras tortas de vanguardia, mini cakes y especialidades temáticas que se hacen por encargo, tanto glaseadas como aerografiadas, con efecto terciopelo. La última tendencia según confirma. “Todo lo que hacemos es casero, dice mientras organiza las tazas de té, no usamos polvos, solamente materias primas originales. Mi lema es pastelería hecha con pasión y trato de ser fiel a eso”.

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Cariló, Médano Verde en mapuche, ofrece 4 balnearios sobre 3 km de playa con todos los servicios. Lo más lindo es llegar a la playa por las pasarelas públicas a través de las altas dunas. Además de comer y beber hay muchas cosas para hacer: andar en fat bikes -ruedas gruesas especiales para la arena-, pasear en UTV, hacer shopping en el centro comercial. Hay dos actividades recomendables que se realizan con reserva y ayudan a disfrutar más de la naturaleza y la historia del lugar.

Una es la que lleva adelante Vanesa Rinaldi, una guía local cuyo emprendimiento se llama @ExperienciaPinamar, quien ofrece recorridos en todo el Partido y también en Cariló, donde ayuda a descubrir el devenir histórico. Shinrin Yoku es la especialidad de Rocío Baños. “Los Baños de Bosque, esta es su traducción del japonés, son una práctica creada en Japón en los 80. Es un paseo lento y progresivo de inmersión en la naturaleza, que se caracteriza por el despertar de los sentidos además de desacelerar y conectar profundo con el mundo natural”.

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Terminamos la tarde en el histórico Tante. La duda fue elegir entre la fondue de chocolate con frutas o un blend de té con strudel de manzana y helado. José Pablo de León, a cargo de seleccionar los productos, crear los dulces y tortas y diseñar la carta, nos cuenta la historia de su madre y tía, en cuyo homenaje se decidió el nombre del local. Tante ofrece actualmente un refugio para las cuatro comidas del día -todas preparadas con el control implacable en cuanto a calidad de producto y especialidad germana.

Sin embargo, tentados por él mismo -quien también está a cargo de los productos que se sirven-, decidimos llegar hasta La Gamba, en Pinamar, y rematamos el fin de semana con una riquísima tabla de mariscos y, de postre, un sambayón tibio que no alcanzó para tantas cucharadas. Pero esta, esta es otra historia.

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