El churro ocupa un lugar indiscutido en la identidad gastronómica argentina, ya sea en meriendas o en fechas patrias. La realidad es que cuando se decide poner harinas en la mesa, es un alimento que no puede faltar.
En cada rincón del país, el 11 de noviembre se celebra el Día Internacional del Churro. Aunque no existe un antecedente oficial que defina la fecha a nivel mundial, en Argentina la celebración tiene una explicación propia.
El churro ocupa un lugar indiscutido en la identidad gastronómica argentina.
El churro ocupa un lugar indiscutido en la identidad gastronómica argentina, ya sea en meriendas o en fechas patrias. La realidad es que cuando se decide poner harinas en la mesa, es un alimento que no puede faltar.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En cada rincón del país, el 11 de noviembre se celebra el Día Internacional del Churro. Aunque no existe un antecedente oficial que defina la fecha a nivel mundial, en Argentina la celebración tiene una explicación propia.
Según la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas (APYCE), la fecha 11/11 se adoptó por inspiración en la forma del clásico churro: dos palitos (11) al lado de dos palitos (11).
La versatilidad de los churros permite adaptarlos a distintos gustos: desde la receta clásica hasta versiones horneadas, rellenas o libres de gluten.
La innovación en el mundo del churro no tiene límites. Con el tiempo, además de las clásicas versiones dulces, se popularizaron versiones saladas como las de queso cheddar, roquefort y jamón y queso.
Entre las variedades más audaces que se recuerdan, está el churro de vitel toné, que causó furor en su momento.
Hoy, por ejemplo la tendencia "gourmet" incluye sabores como menta con chocolate, nutella, óreo, sambayón y, aprovechando el reciente boom, el churro de pistacho bañado en chocolate.
Como muchas recetas tradicionales, su origen es disputado. Algunos rastrean su historia hasta China, mientras que España es considerada la "cuna del churro" por ser uno de los primeros países en adoptarlo y perfeccionarlo.
En Argentina los íconos más populares del churro son El Topo y Sol de Galicia. En el caso del primero, se trata de un clásico de la costa Atlántica que nació en Villa Gesell en 1968. Hoy tiene más de 20 sucursales, incluso en CABA.
Por otro lado, Sol de Galicia nació en 1957 como un emprendimiento familiar de gallegos. Hoy tiene cuatro plantas de elaboración y una capacidad para producir 15.500 churros rellenos por hora.