Los ladridos son la forma natural de comunicación en los perros, que les permite alertar, expresar emociones o llamar la atención. Sin embargo, cuando este comportamiento se vuelve excesivo, puede generar conflictos en el hogar y problemas con los vecinos. Baruch Correa, un entrenador canino con amplia trayectoria en adiestramiento positivo, propone un método efectivo para enseñar a los perros cuándo ladrar y cuándo guardar silencio.
El método que usan los entrenadores caninos para controlar los ladridos del perro
La manera efectiva de controlar cuando los animales caninos ladran sin que esto se vuelva un castigo.
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El truco para enseñarle al perro cuándo ladrar.
El enfoque no consiste en reprimir los ladridos, sino en transformarlos en una conducta controlada y asociada a órdenes específicas. Este método promete resultados visibles en poco tiempo, mejorando la convivencia y fortaleciendo el vínculo entre el perro y su dueño.
La manera de enseñarle al perro cuándo se debe ladrar
El proceso comienza con el refuerzo positivo de los ladridos en momentos específicos. Correa recomienda premiar al perro cuando ladra ante un estímulo externo, como la llegada de una persona a la puerta. Este paso inicial, aunque puede parecer contradictorio, busca establecer una asociación clara entre el ladrido y una recompensa.
El objetivo no es fomentar el exceso de ladridos, sino identificar el momento adecuado para introducir la siguiente etapa del entrenamiento. Premios como snacks o caricias refuerzan la idea de que el ladrido puede ser útil como señal, pero siempre bajo control
El truco para lograr que tu perro entienda cuándo no debe ladrar
Una vez que el perro asocia los ladridos con una recompensa, se introduce un comando de silencio, como "basta" o "ya". El dueño debe esperar a que el perro comience a ladrar y, en ese momento, pronunciar la orden con claridad.
Si el perro cesa los ladridos, recibe un premio inmediato. Con la repetición, el animal asocia la palabra con el acto de dejar de ladrar, comprendiendo que el silencio también tiene una recompensa.
La etapa final del entrenamiento consiste en alternar los comandos para "activar" y "desactivar" los ladridos. De esta manera, el perro aprende a ladrar cuando se le indica y a detenerse al recibir la orden correspondiente.
Correa recomienda sesiones cortas de práctica, de no más de 5 minutos, varias veces al día. Este método evita los castigos y fomenta la comprensión del comportamiento natural del perro, logrando resultados duraderos que mejoran la calidad de vida del animal y de su entorno.





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