"En Venezuela emprendí por primera vez, en Argentina aprendí lo que es ser un emprendedor"

Lifestyle

La diáspora venezolana arrastró a tierras argentinas a Francisco Villarroel, un joven abogado que se radicó en Buenos Aires hace poco más de un año y hoy es el dueño de Hana Poke & Bar, un restaurante hawaiano enclavado en el barrio de Palermo. Su historia de vida en una charla íntima con Ámbito.

Francisco Villarroel nació en Caracas hace 32 años. Abogado, egresado de la Universidad Central de Venezuela, comenzó la carrera de derecho con tan sólo 17 años. Al poco tiempo ingresó como asistente de una juez en los tribunales civiles y a los 20 años lo contrata una de las firmas de letrados más grandes del país, en principio como pasante y después (ya recibido, con 22 años) como abogado junior de la compañía. “Vengo de una familia de abogados por tradición, tanto por mi lado materno como paterno, por ende, toda mi vida me vi un hombre de las leyes”, confiesa Villarroel y cuenta: “al empezar a trabajar con tan corta edad, me convertí en alguien muy productivo desde joven, eso me permitió ahorrar, viajar y desarrollarme como persona muy rápidamente”.

Así fue que conoció la Argentina, en el año 2006, con 19 años. “Un viaje costeado gracias a mi trabajo”, recuerda. Fue amor a primera vista. Villarro volvió al país en 2008, 2010, 2014 hasta que se mudó definitivamente en Junio del 2018.

“En el año 2012 hubo elecciones (Capriles – Chávez), por lo que existía una posibilidad real de que el país cambiara y yo creyendo que iba a ser así, invertí. Se me ocurrió junto a mi mejor amigo emprender un pequeño complejo deportivo de canchas de fútbol, el cual estaba dentro de un instituto para personas con discapacidad y síndrome de down. En la mañana la comunidad lo usaba para sus actividades físicas y a partir del mediodía yo tenía la concesión para academias de fútbol y uso de privados, recuerda.

Así fue que, casi sin darse cuenta, Villarroel abandonó su vida de oficina, decidió quedarse con algunos clientes como profesional free lance mientras gestionaba su emprendimiento con el deseo de seguir creciendo a pesar de la difícil situación que atravesaba el país vinotinto. “Como todo venezolano, me resistía a la idea de irme y como emprendedor a la idea de cerrar mi negocio, pero finalmente creo que como persona sufres una gran decepción al sentir que tu país no reconoce tu aporte ni tu potencial, por lo que me vi en la obligación de abrirme a la idea de irme y aceptar que si quería emprender nuevamente tenía que ser en otro lugar. La Argentina por un tema emocional y de apego siempre fue mi primera opción”, asegura.

Poke, Buenos Aires y Hana

“El Poke lo conocí hace 5 años en un viaje que hice a California y enseguida supe el potencial que tenía el producto. Al darme cuenta que por alguna razón inexplicable (que después entendí el por qué) no había llegado a la Argentina, no lo pensé dos veces y me vine a Buenos Aires”, cuenta Francisco, quien considera que “emigrar es un ejercicio de voluntad y humildad por encima de todo, llegas a una sociedad donde nadie te conoce y para lograr cualquier objetivo se necesita sumar personas y formar equipo. Uno de los grandes secretos detrás de Hana es precisamente el gran grupo de profesionales que se formó”.

hana1.jpg

Hana Poke & Bar tiene 3 meses de vida. En este colorido espacio se puede degustar, entre otras propuestas, el plato típico hawaiano: el “poke” o “poke bowl”. El nombre “poke” refiere a la forma de cortar el pescado de manera transversal; y el “poke bowl” consiste en una base de arroz a la que se le puede sumar pescado crudo marinado, maricos o pollo y se completa con frutas, verduras y salsas especialmente armadas para la ocasión.

“El poke nos sumerge en un mundo de sabores únicos de la mano de lo fresco y natural. En Hana creemos que comer es una posibilidad de vivir experiencias nuevas, de cultura y encuentro. Buscamos volver a disfrutar de lo simple desde un lugar contemporáneo viviendo cada momento con intensidad”, asegura.

Villarroel sabe de lo que habla, ya que desde su Venezuela natal ha recorrido más de 20 países del mundo buscando la alquimia perfecta de ingredientes y productos para traer su propuesta a la Argentina. Francisco no vino solo, sino que lo hizo con su hermano y socio, Phelmer Aquino, quien también ha sido parte primordial y protagonista del éxito de Hana.

“El proyecto y el país pusieron a prueba mucho de mis conceptos y estereotipos culturales y eso ayudó a retarme y poder formar una marca y una idea mucho más completa”, admite Francisco, quien considera que “emprender en cualquier lugar es adaptación pura, es preocuparse por las solución y no por el problema, es saber manejar y aceptar cuando el sistema te dice que “no” para después poder conseguir el “sí”. Acá viví mucho ese tipo de situaciones en donde parecía imposible, o no se podía por alguna razón y era simplemente insistir, insistir e insistir”, enfatiza.

Para Villarroel, “la Argentina tiene un filtro natural para los emprendedores y más aún si eres emigrante. El mismo sistema va poner a prueba tu deseo de materializar el proyecto, y si después de todo eso logras pasar esa barrera, tendrás que seguir adaptándote (risas) pero el país te lo va a reconocer”, argumenta el venezolano y concluye: “para poder crecer en un lugar hay que sembrar raíces y las mías ya están acá, tengo un gran sentido de pertenencia por el país y siento cada vez más propia la cultura y la argentinidad. Emigrar simplemente me potenció, me convirtió en una persona más completa y afortunadamente siento que elegí el lugar indicado para hacerlo”.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario