En verano, el turismo de naturaleza gana terreno: cada vez más gente busca sombra, agua fresca y senderos lejos de las playas llenas. En Tucumán, esa tendencia se vive entre yungas y cerros, con dos áreas protegidas que mezclan aventura, descanso y paisajes que parecen de otro país.
Los 2 secretos mejores guardados de Tucumán que no te podés perder este verano
Dos áreas protegidas de Tucumán se convierten en grandes aliadas del turismo de verano con senderos, biodiversidad y planes al aire libre.
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El turismo de verano también se disfruta lejos de la costa.
La provincia sorprende por su diversidad geográfica y por la cantidad de espacios que funcionan como verdaderos refugios de biodiversidad. Si te tienta una escapada distinta, estos dos parques son una puerta de entrada ideal para conectar con el entorno y cortar con la rutina sin complicarte el plan.
Parque Nacional Aconquija
El Parque Nacional Aconquija se extiende por unas 74.000 hectáreas y atraviesa distintos departamentos de la provincia. No solo resguarda ambientes naturales muy valiosos, también conserva un costado cultural fuerte, ligado a huellas e historias de pueblos originarios.
Una de sus mejores cartas son los recorridos: hay opciones con distintos niveles de exigencia, pensadas tanto para quienes recién arrancan como para los que buscan caminatas más largas. En el camino aparecen sitios emblemáticos como Pueblo Viejo del Aconquija y La Ciudacita, que le suman otra dimensión a la visita.
Para moverte con tranquilidad, conviene tener en cuenta que algunas zonas presentan accesos más complejos. Por eso, antes de salir a los senderos, es clave registrarte en el Centro de Informes de Santa Rosa: te orientan y ayudan a encarar el recorrido de forma segura.
Parque Sierra San Javier
A solo 25 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán, el Parque Sierra San Javier protege cerca de 14.000 hectáreas y cubre buena parte del macizo serrano. Su objetivo principal es cuidar los ambientes naturales de la región y ofrecer una experiencia de inmersión total en el ecosistema.
Sus senderos atraviesan sectores con vegetación autóctona y abren la posibilidad de observar fauna local mientras caminás. Es un plan que funciona tanto para ir a paso tranquilo como para meter una salida más activa, siempre con la sensación de estar lejos de la ciudad aunque el viaje sea corto.
Además, el paseo se completa con dos espacios que suman valor: el Jardín Botánico y la Reserva Experimental de Horco Molle. Entre miradores, naturaleza y un enfoque más educativo, el parque se vuelve una salida redonda para el verano, ideal para respirar aire fresco y volver con la cabeza más liviana.
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