El calor aparece como un factor clave en el mal dormir del verano.
Imagen: IStock
En verano, el sueño se complica por un motivo bastante básico: tu cuerpo necesita enfriarse para pasar de “alerta” a “descanso”. Cuando la noche no afloja, esa bajada se traba y el descanso se corta. La medicina del sueño lo explica con una idea clave: termorregulación.
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El calor no actúa solo. También pesan los cambios de rutina, las cenas más tardías, el alcohol y la mayor exposición a la luz, que frena la melatonina y corre el horario natural de sueño. El resultado suele ser parecido: te dormís más tarde, te despertás más, y al otro día lo pagás con cansancio e irritabilidad.
En verano, el calor sostenido puede alterar el descanso y volverlo más liviano, con despertares más frecuentes y sensación de cansancio al día siguiente.
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Por qué dormís peor en verano
Para conciliar el sueño, la temperatura interna tiene que bajar. En noches calurosas o con humedad alta, ese mecanismo se vuelve más lento y aparece el insomnio o un descanso fragmentado. Además, el calor excesivo interfiere con las fases profundas del sueño, justo las que más necesitás para sentirte recuperado.
A eso se le suma lo que pasa afuera del dormitorio. En esta época se estiran los planes nocturnos, se desordenan los horarios y cambia el ritmo del día. Incluso la luz extra de la tarde-noche altera el reloj biológico: si el cerebro recibe más claridad, le cuesta “entender” que ya es hora de bajar revoluciones.
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Dormir con calor no siempre es cuestión de “acostumbrarse”: pequeños cambios en el ambiente pueden marcar la diferencia en verano.
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Qué es el estrés térmico nocturno
El estrés térmico nocturno es el nombre de ese malestar que aparece cuando el cuerpo no logra enfriarse lo suficientepara entrar en sueño profundo. No es una exageración: se resienten los ritmos circadianos y las fases del descanso, desde el sueño de ondas lentas hasta la fase REM. Por eso, aunque te quedes en la cama, te levantás como si no hubieras dormido.
Sus señales suelen ser bastante reconocibles: fatiga, somnolencia diurna, dificultad para concentrarte, irritabilidad y ansiedad. Y si el calor se sostiene varias noches seguidas, ese desgaste se acumula. En personas mayores o con problemas cardíacos, la sensibilidad a estas noches puede ser todavía mayor.
Recomendaciones para dormir mejor durante el verano
La primera jugada es bajar la temperatura del ambiente todo lo posible. Ventilá temprano para que entre aire más fresco y, si podés, cerrá antes de acostarte para sostenerlo. Sumá ropa de cama liviana y transpirable: el algodón o el lino ayudan a que el sudor evapore y no quedes “encerrado” en tu propio calor.
También sirve ajustar la rutina. Cená más liviano y con tiempo (idealmente dos horas antes), evitá alcohol y cafeína a la tarde-noche, y corré el ejercicio intenso para otro horario. Una ducha tibia antes de acostarte puede colaborar con la sensación de frescor. Y, si el mal dormir se estira por semanas o te arruina el día, vale la pena consultar a un profesional.
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