En verano, no alcanza con mirar la temperatura del aire: el llamado índice de calor combina humedad y grados, y explica por qué el cuerpo “se pasa de rosca” aun sin actividad intensa. Cuando la transpiración deja de enfriar como corresponde, el riesgo de golpe de calor sube rápido.
Por qué se generan los golpes de calor y cómo prevenirlos
En verano, el calor y la humedad pueden desbordar al cuerpo. Cuáles son los primeros síntomas y qué medidas simples ayudan a evitar sustos.
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Agua a mano, ropa liviana y un rato a la sombra: gestos simples que ayudan a atravesar los días de más calor sin sobresaltos.
El problema aparece por exposición prolongada a altas temperaturas y humedad, o por esfuerzo físico en ambientes calurosos, cuando el organismo pierde capacidad para regular su propia temperatura. En los cuadros más graves, esa descompensación se vuelve urgente y requiere actuar sin demoras.
Por qué se generan los golpes de calor
El cuerpo intenta enfriarse transpirando y mandando más sangre a la piel. Pero con humedad alta, poco viento o espacios mal ventilados, ese mecanismo se vuelve ineficaz: el calor queda “encerrado” y la temperatura interna empieza a subir.
Si la situación se sostiene, el cuadro puede pasar de un agotamiento por calor a una etapa mucho más peligrosa. En el golpe de calor, la temperatura corporal llega a valores muy altos (cerca de 39 °C a 40 °C o más) y la persona puede perder el control de su estado general.
Síntomas de un golpe de calor
Hay señales que funcionan como alarma: sed intensa, boca seca, dolor de cabeza fuerte, mareos, desmayo, náuseas o vómitos. También puede aparecer cansancio marcado, calambres y una sensación de calor sofocante.
Cuando el cuadro se agrava, la piel suele ponerse roja, caliente y seca (porque se agota la transpiración), y se acelera la respiración junto con el pulso. En paralelo, puede haber confusión, desorientación, delirios, convulsiones o pérdida de conocimiento.
Qué hacer ante un golpe de calor
Lo primero es llevar a la persona a un lugar fresco y ventilado, idealmente con aire acondicionado, y aflojarle o quitarle la ropa para que el cuerpo empiece a bajar la temperatura. Después, conviene enfriar rápido: mojar todo el cuerpo con agua fresca o aplicar paños fríos.
Si está consciente, ofrecé agua fresca para rehidratarla. Y, ante cualquier duda o signos intensos, pedí asistencia médica de inmediato: el golpe de calor es un cuadro grave y el tiempo hace la diferencia.
La mejor forma de prevenir un golpe de calor
La prevención arranca con hábitos simples: tomar agua sin esperar a tener sed, evitar bebidas alcohólicas y reducir comidas pesadas. En los días bravos, bajá el ritmo de la actividad física, sobre todo en las horas centrales.
Además, buscá sombra y ventilación, usá ropa liviana y clara, y refrescate con duchas o paños húmedos si lo necesitás. Con bebés, chicos y personas mayores, el cuidado tiene que ser doble: nunca dejarlos dentro de un auto cerrado, aunque sea por pocos minutos.
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