Gabriel Lucero, creador de Gente Rota: del miedo a los celulares al boom en redes sociales

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Sus videos transforman audios de WhatsApp en animaciones y tienen millones de seguidores. En diálogo con Ámbito, analiza el fenómeno, opina sobre el humor en tiempos de cancelación y cómo logró vivir de lo que le gusta.

j"Ustedes ponen la voz y yo los dibujos". La fórmula de Gabriel Lucero es tan sencilla como exitosa. Él recibe audios de WhatsApp, selecciona uno y recrea la situación a través de técnicas de animación. Luego, comparte el video en las redes sociales de "Gente Rota", el proyecto que creó en 2018 como un ejercicio para mejorar sus destrezas, y que hoy cuenta con una comunidad de millones de seguidores, que día a día viralizan sus publicaciones.

Lucero tiene 47 años, vive en Avellaneda y se formó de manera autodidacta. Aunque anima y dibuja, no se considera ni animador ni dibujante. Tampoco reniega del término "youtuber", pero sí le gusta que se reconozca el trabajo que hay detrás de lo que hace. "Me divierte bastante no ser tan fácilmente clasificable", admite a Ámbito, en una entrevista donde, además, analiza el fenómeno que creó, cuenta cómo pasó de tenerle miedo a los teléfonos a vivir de las redes sociales y cómo es hacer humor en los tiempos de la cancelación.

Los inicios

Periodista: ¿Cómo fue tu primer acercamiento a las redes sociales?

Gabriel Lucero: El inicio fue por Twitter. Yo trabajaba en una empresa de videojuegos y usaba mucho el blog con un personaje que había inventado. En esa época, 2005 o 2006, eran muy populares. Twitter no sabía muy bien para qué servía, me parecía aburrido, así que usé ese personaje que había inventado para escribir tuits y aproveché para poner animaciones y dibujos. En definitiva, la excusa siempre fue usar las redes para mostrar los dibujos de una u otra forma.

P.: Ese personaje fue Viviana Sarnosa.

G.L.: Claro. Como no entendía para qué servía Twitter y no tenía frases para poner, tenía cero idea, dije "bueno, puedo poner este personaje que habla de farándula", una periodista de espectáculos con mucha mala leche. Así empezó y pegó bien. De paso, empecé a hacer animaciones basada en este dibujito, caricaturas, lo que sea, todo para ir mostrando lo que me gustaba a mí. El humor negro me gusta, que era lo que hacía con Viviana Sarnosa, pero también me gustaba hacer animaciones. El personaje de Viviana Sarnosa terminó teniendo más seguidores que la original. Obviamente, el 90% de lo que hacía en esa época no se puede ver hoy porque cambió mucho la mentalidad de la gente y el tipo de humor. Hay cosas que hoy por hoy servirían solo para cancelarme.

P.: ¿Te autocensurás?

G.L.: Sí, me autocensuro. Una cosa es hacer humor negro para diez personas, que era lo que pasaba cuando empecé, que sabés que esa gente maneja el mismo código y se va a reír, y otra es hacer humor negro para un millón, donde sabés que la mitad te sigue porque es moda, la otra porque le gustan los nenes que hablan simpático, entonces no podés meter de lleno e nun humor que solamente es para poca cosa. A mí me sigue divirtiendo lo mismo, pero sé que no puedo seguir haciendo el mismo humor que hacía cuando tenía menos seguidores.

P.: ¿Tu formación fue autodidacta?

G.L.: Sí. En ese trabajo en el que estaba, el de los videojuegos, había que animar con Flash. Yo no sabía animar, así que busqué tutoriales. Al principio me costó un montón, pero fui aprendiendo a medida que fui necesitando. Por ahí una animación como hago ahora, de 3 o 4 minutos, para mí era imposible. Podía hacer animaciones de movimientos breves, como para los videojuegos, pero ya una animación con guión o con un audio, con todo lo que conlleva una animación completa, para mí era como pensar en Disney.

P.: Los celulares te daban miedo, ¿cómo hiciste para adaptarte?

G.L.: A la fuerza, no me quedó otra. Una pareja me regaló un celular y lo enchufó. Yo no tenía. Pude zafar mientras no tuve. Una vez que lo tuve, me empecé a hacer dependiente. Sin darte cuenta terminás viviendo a través del celular. La única forma de zafar es no tener; una vez que tenés, no zafás. Hoy por hoy no creo que nadie pueda vivir con el celular. Ahora la vida está hecha para que uno viva a través del celular. Hoy, si me roban es el celular, es prácticamente como si me robaran un órgano. No sabía por dónde empezar a arreglar el problema.

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El fenómeno Gente Rota

P.: ¿Cómo fue la génesis de Gente Rota?

G.L.: En febrero se cumplieron cinco años del primer video que hice en Gente Rota. Fue a raíz de que perdí un trabajo, donde había hecho un demo para una serie animada que no funcionó. Tenía personajes armados, pero no tenía un guión; mi guión era de humor negro, muy fuerte. Tampoco tenía voces. No tenía posibilidad de pagar actores, así que me dije "tengo que buscar la manera de que haya un audio, una voz o un guión" ya hecho para que pueda practicar animación. Empecé animando Esperando la Carroza, pero me pareció muy larga para hacerla toda. Busqué algo más corto y encontré un audio viral, que lo usé porque la voz me sonaba mucho al personaje que yo tenía dibujado para el demo.

P.: ¿Tuviste alguna referencia al empezar el proyecto?

G.L.: No, porque nació para practicar animación. Necesitaba algo que me inspirara para animar, y me inspiraron los audios. Me parecieron que eran ideales para animar, porque eran graciosos. No tenía más expectativa que esa. No me imaginé que iba a funcionar. Una vez que empezó a funcionar, pensé en ponerle más de lo mío, para que mi trabajo estuviera ahí también.

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P.: ¿Cómo fue tu camino a la masividad?

G.L.: Fue con cero expectativa. Fue para practicar animación porque es como andar en bicicleta: si no pedaleás mucho, le perdés la mano. Subí el video a la página de Facebook, donde subía pocas cosas y no le daba bola. La vida siguió normal hasta que de casualidad me fijé los mensajes privados y vi que tenía como 200 mensajes de gente que me mandaba sus propios audios. Ahí me di cuenta de que había pegado. Primero había pegado por WhatsApp; la gente se los mandaba por WhatsApp, y yo no tenía idea de cómo funcionaba. No sabía si era una aplicación, una página web. No sabía cómo algo se podía viralizar sin que yo lo pudiera ver, hasta que entendí WhatsApp. El furor fue por ahí y después se trasladó a Facebook, después a Instagram y de ahí a todos lados.

P.: ¿A qué se debe que tu target sea gente mayor?

G.L.: A diferencia de otros fenómenos virales, que tienden a ser más de gente joven, en mi caso es más abarcativo, porque está mucho en Facebook, que usa gente grande y es más familiar. Lo pueden compartir la tía, la abuela y la nieta. Se puede hacer ese triángulo, cosa que por ahí no ocurre con otros virales.

Anti bullying

Humor y cancelación

P.: En este período de cancelaciones, ¿tenés algún recaudo a la hora de publicar algo?

G.L.: Mil recaudos y no alcanzan. Mientras más recaudos uno pone, más trabas empiezan a aparecer. Es increíble, pero uno puede ofender de maneras que ni se imagine. Una cosa es cuando es algo polémico, que ya sabés que vas a generar revuelo, y otra es cuando subís algo super inocente y después te das cuenta de que hay 20 detalles que pueden ofender a 20 personas diferentes. Llega un punto en el que decís 'bueno, listo, a alguien voy a ofender'. Lo importante es que la intención no sea dañina. Yo me puedo ofender por miles de cosas, pero hay que ver si yo tengo razón para ofenderme. Me puede molestar que la gente use el color negro y no hay ningún fundamento en eso.

P.: Vos usás la voz de otras personas, ¿hasta dónde respondés vos por lo que publicás en Gente Rota?

G.L.: En principio, el mayor laburo que tengo ahora es elegir el audio, que no me pasaba al principio. Ahora hay temáticas muy repetidas, otras que sé que no puedo hacer por lo que provocan. La elección y la edición de los audios son mi mayor trabajo; cortar las partes que pueden ser contraproducentes. ¿Me siento responsable? Sí y no. Trato de cubrir todas las cosas que pueden estar mal, desde datos personales hasta que no haya nada que vulnere la intimidad total de la persona, por la s dudas de que el audio no sea consensuado. Trato de quedar lo más limpio posible, pero es imposible porque el concepto del trabajo que yo hago tiene algo de polémico desde su génesis. Ese meterse en la intimidad de una persona que por ahí está pasándola mal cuando está grabando un audio. Si ya partís de esa base, cualquier cosa que haga puede traer muchos conflictos.

P.: Antes hablaste de Twitter. ¿Te asusta la violencia que se maneja ahí ?

G.L.: Twitter lo sigo usando. Es el único lugar donde puedo subir una animación políticamente incorrecta y no me va a pasar mucho. A pesar de lo violento que es, sigue oliendo a libertad. Es como un lugar del subconsciente; ahí la gente dice cosas que no te va a decir en la cara, pero no porque sean cobardes o hipócritas. Twitter se planteó como un lugar para que la gente diga lo que le pasa por la cabeza y está bueno que lo digan ahí y no en la vida real, porque si no nos mataríamos todos. Es una especie de exorcismo: dijiste lo peor que tenés adentro y queda ahí, en Twitter. Por ahí después estás más liviano. No creo que sea tan malo el odio que se ve ahí. Obviamente hay veces que hace daño, pero todo bueno tiene una carga mala en sí misma.

P.: Es la red más honesta...

G.L.: La más honesta, pero la honestidad no es sinónimo de bueno. Hay mucha caca en la cabeza de la gente y por ahí no está bueno que la exterioricen en la vida real. Para mí, está bueno que uno entra a Twitter como una suerte de catarsis, donde no todo es 100% real ni personal. Hay mucha gente que te dice algo pero en realidad se lo está diciendo a sí misma. Twitter se convirtió en un inframundo para las personalidades falsas.

P.: Resulta paradójico que en el aspecto más violento de Twitter encuentres libertad para compartir tu material.

G.L.: Lo que pasa es que la otra opción es la censura. Toda la vida me pareció que la censura es contraproducente, por más que sea para bien. Por más que evites bullying, o cosas antidemocráticas. Siempre me parece que es peligrosa porque no sabés de mano de quién viene. Quién está diciendo lo que se puede decir y lo que no. Por eso me da miedo una red muy controlada, con parámestros estrictos, que una red que te deja hacer lo que quieras, porque dentro de todo vos seguís eligiendo. Dentro de todo, vos tenés la libertad de consumir lo que querés y lo que no.

Comunidad y feedback

P.: ¿Qué tiene que tener o no un audio para que lo elijas para Gente Rota?

G.L.: Hay varios temas. Hombres insultando mujeres, por ejemplo, no, porque provocan el efecto contrario. Por más que el video sea una crítica al machismo, si es un hombre hablando mal de una mujer, no cae bien. Tengo 100 mil detalles que te podría dar. Cosas de política y partidarias tampoco.

P.: ¿Lo primero es que te hagan reír?

G.L.: Los que más me hacen reír no los uso, porque me gusta mucho el humor negro y me disparan situaciones muy graciosas que sé que no van a funcionar. Todos los que yo subo me hacen reír en algún momento; ahí los hago, cuando me hacen reír a mí. Me hacen reír mucho los de chicos o los de las abuelitas; me gusta mucho la ternura que tienen los audios de las viejitas. Me gustan los que tienen temática actual, por tocar temas de actualidad o conflictivos. Que se pueden tocar temas conflictivos, pero sin irse al carajo, sin irse muy lejos ni terminar sucio con el tema. Que sea algo que ayude a que se hable del tema. No sé si siempre quiero que sean graciosos los videos. A veces también quiero que sean un poco molestos, para que las personas hablen del tema. En Gente Rota influyen mucho los comentarios de la gente. Hay mucha gente que ve los videos y también le interesa leer los comentarios, porque se arman peleas, debates. Eso quiere decir que no pasa como un video más.

P.: ¿Solés involucrarte en esas discusiones?

G.L.: Leo muy por arriba, porque soy medio calentón. No me involucro tanto. En Facebook y en YouTube directamente no leo los comentarios. Más que nada porque los comentarios que más me molestan, que son muy insistentes con el tema, es que los audios son armados. Lo ponen en todos los videos. En cualquier audio, con cualquier voz, ponen "este audio se nota que es armado". Me da por las bolas porque justamente, hoy por hoy, estoy todo el día escuchando audios para elegir uno. Me jode que crean que tengo un ejército de actores actuándome los audios y yo tirado en la cama esperándome que me los manden.

No era una mosca.

P.: ¿Tenés un video favorito de Gente Rota?

G.L.: Favorito podría decirte que es el del chico que grita cuando ve la cucaracha voladora. Me dio risa toda la situación: el papelón del pibe gritando y la gente enloquecida alrededor. El del chino que dice "concha la pelota". que también fue popular. Está el fletero, que de él hice muchos, y lo conocí en persona.

P.: ¿Cómo lo conociste?

G.L.: Yo estaba haciendo muchos audios de mujeres, no me llegaban audios de hombres. Ya empezaban a decirme que era misógino, que usaba solo mujeres para burlarme de ellas. Yo estaba ávido de hombres para dibujar. Me llegó el de él hablando de fútbol y lo hice. Me llegó un WhatsApp de él enojado, porque entendió que yo me estaba haciendo pasar por él. Le expliqué cómo era Gente Rota, muy buena onda. Lo entendió bien. Después nos hicimos amigos, es un re buen tipo. De entrada pensó que yo me estaba haciendo el vivo. Después fui a una entrega de premios hace 3 años y lo invité para que fuéramos juntos como representante de la gente que me manda los audios.

La lista de Paoli

P.: ¿Te llevás bien con el mote de youtuber?

G.L.: Me llevó bien y mal. Bien porque me hace sentir más pendejo, ser youtuber a esta edad está muy bien (risas). A la vez, youtuber me suena como una suerte de menosprecio. Youtuber puede ser un pibe que sale a la calle a patear viejos y tiene muchas vistas. Yo siento que hay un laburo un poco más profundo en lo que hago. Pero no me jode que me digan youtuber; me pueden decir también instagramer, porque estoy mucho tiempo en Instagram. Dibujante también suena raro, porque suena como arquitecto; animador suena como conductor de fiestas infantiles. No tengo una descripción para que me digan. Humorista tampoco porque no todo lo que hago es escribir humor. Cualquier descripción, siempre que sea con buena leche, está bien. No tengo mambos con la etiqueta que me puedan poner. Me divierte bastante no ser tan fácilmente clasificable. Me gusta pensar que cree una especie de trabajo que no tenga un definición específica.

P.: ¿Cómo te llevás con la masividad que generaste?

G.L.: Al principio fue como el sueño del pibe. De chico fantaseaba con ir a la tele, por ejemplo. Terminé yendo a la tele muchas veces. Ahora perdí el interés por ir a la tele. Soñaba con que me saludaran en la calle, y me han saludado un par de veces. No toda la gente que me gustaría, porque no conocen mi cara. Pero más o menos tuve una probadita de lo que es ser famoso. Estuvo bueno; después se transformó en algo que no era tan relevante. Hasta hoy, lo que más me interesa es cuando alguien me dice que se río con un video, me gusta sentir eso. O cuando alguien me viene a saludar. Por ejemplo, ves un tipo de 2 metros, que en la vida real te miraría con cara de traste, y viene con una sonrisa de nene, como con amor en la mirada. Esa sensación de sentir el cariño de alguien que no conozco no la había experimentado nunca. Si me pasara más seguido, estaría mucho más feliz. Pero me sigo poniendo colorado, soy muy tímido, me da mucha vergüenza

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