En un escenario marcado por el agotamiento, las rutinas saturadas y el estrés sostenido, la intimidad suele desplazarse a un segundo plano. No siempre por falta de deseo, sino por la dificultad de estar verdaderamente presentes. En ese contexto, el yoga en pareja aparece como una herramienta accesible y efectiva para volver a conectar con el propio cuerpo y con el del otro.
Yoga para parejas: las posturas clave que te ayudarán en la intimidad
Las cinco posturas de yoga más indicadas para realizar y conectar en pareja, según los especialistas del deporte.
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Este enfoque favorece la aparición de momentos de conexión emocional, que fortalecen el lazo afectivo y permiten que la intimidad fluya de manera más natural, profunda y auténtica.
Lejos de buscar rendimiento físico o destreza, la propuesta se apoya en posturas simples, mayormente sentadas o acostadas, sin inversiones ni exigencias. Puede ser pensada para personas sin experiencia previa, con lesiones o con movilidad reducida. Este enfoque favorece la aparición de momentos de conexión emocional, que fortalecen el lazo afectivo y permiten que la intimidad fluya de manera más natural, profunda y auténtica.
5 posturas de yoga para mejorar la intimidad con tu pareja
La práctica cotidiana de movimientos suaves y compartidos contribuye a mejorar el flujo sanguíneo en la zona pélvica, fortalecer el piso pélviano y disminuir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, al tiempo que estimula la oxitocina, vinculada al apego, la confianza y el vínculo emocional.
Estas son algunas de las mejores posturas para priorizar la actividad en pareja:
Cinco posturas de yoga en pareja para reconectar cuerpo e intimidad
1. Mariposa sentada en pareja (Baddha Konasana compartida)
Esta postura abre suavemente las caderas y estimula el flujo sanguíneo pélvico sin generar tensión.
Cómo hacerla: sentarse frente a frente, con las plantas de los pies juntas y las rodillas abiertas. Es posbile tomarse de las manos o apoyar las manos sobre las rodillas del otro. Aplicar una presión suave hacia el suelo mientras se respira al unísono. Mantener entre 1 y 2 minutos.
2. Flexión hacia adelante sentada en pareja (Paschimottanasana compartida)
Ideal para principiantes, estira la espalda y las caderas con apoyo mutuo.
Cómo hacerla: sentarse espalda con espalda y piernas extendidas. Uno se inclina hacia adelante hasta donde llegue cómodamente, mientras el otro se recuesta suavemente hacia atrás, generando una presión ligera. Luego alternar. Mantener la respiración sincronizada.
Beneficios: mejora la flexibilidad, reduce el estrés y, a nivel emocional, fomenta empatía y conexión a través del contacto.
3. Puente en pareja (Setu Bandhasana compartida)
Fortalece el piso pélvico y abre el pecho de manera gentil.
Cómo hacerla: acostarse boca arriba, uno al lado del otro, con rodillas flexionadas y pies apoyados en el suelo al ancho de caderas. Tomarse de las manos. Al exhalar, elevar juntos las caderas, activando el piso pélvico con contracciones suaves (tipo Kegel). Mantener entre 5 y 10 respiraciones coordinadas y bajen lentamente.
Beneficios: mejora la circulación pélvica, el control muscular y la función sexual.
4. Barco en pareja (Navasana compartida suave)
Una postura lúdica que fortalece el core y el piso pélvico.
Cómo hacerla: sentarse frente a frente con rodillas flexionadas y pies en el suelo. Sostenerse de las manos o antebrazos, inclinarse levemente hacia atrás y levantar los pies formando una “V” suave. Mantener entre 20 y 30 segundos, mirando a los ojos y respirando juntos.
Beneficios: aumenta la fuerza pélvica y la circulación abdominal; emocionalmente promueve confianza, complicidad y diversión.
5. Savasana en pareja (relajación final compartida)
La postura de cierre para integrar la experiencia.
Cómo hacerla: acostarse lado a lado o en posición de “cucharita”, tomándose de las manos. Relajar entre 5 y 10 minutos, inhalando y exhalando por la nariz en conteos de cinco.
Beneficios: eleva el tono vagal, libera tensiones y profundiza el apego y la calma compartida.
Estas posturas no requieren acrobacias ni fuerza extrema: son un ejercicio de presencia, tacto y respiración. Por eso, el verdadero poder está en despertar los sentidos: sentir el calor de la piel, el ritmo del aliento del otro, la mirada que dice ‘estoy acá con vos’. No es solo ejercicio, es una invitación a reconectar.
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