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El comisionado de Desarrollo y Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, Louis Michel, señaló en un informe que «sólo en Indonesia 400.000 personas viven todavía en alojamientos precarios y en condiciones sanitarias insuficientes», mientras casi 100.000 viven una situación similar en otros países afectados. Datos suministrados por los gobiernos respectivos, señalan que en Indonesia hubo unos 220.000 muertos, en Sri Lanka unos 30.000, en India más de 15.000 y en Tailandia 5.000, y números menores en Somalia, Maldivas, Malasia, Myanmar y Tanzania, aunque las olas gigantes tardaron nueve horas en llegar al país africano.
Al número de muertos se sumó más de un millón de personas sin techo, miles de animales de granja muertos y de barcos destruidos y la desaparición de importante infraestructura turística, en una zonas donde esa actividad es el recurso principal. La magnitud del terremoto, que desplazó el eje de la Tierra (desde entonces el planeta gira tres microsegundos más rápido que antes), lo ubica entre los cinco peores registrados en el mundo desde que existen mediciones confiables.
A un año del desastre, el gobierno indonesio estima que aún hacen falta unos u$s 2.200 millones para recuperar su infraestructura, en tanto en Sri Lanka se requieren unos u$s 1.400 millones.
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