Washington (EFE, ANSA, DPA) - Aníbal atacó Roma ayudado por elefantes. Genghis Khan expandió su imperio gracias a los caballos. El Pentágono, que ha utilizado en sus guerras todo tipo de animales, experimenta ahora con abejas para convertirlas en su nueva arma contra los terroristas.
Las abejas son animales especialmente dotados en inteligencia, pero es su capacidad para rastrear flores, olores y aromas lo que ha interesado al Departamento de Defensa de EE.UU. Científicos de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Defensa (DARPA) descubrieron que colonias enteras de abejas pueden ser entrenadas para ubicar el rastro, aunque sea imperceptible, de los explosivos.
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Según Alan Rudolph, quien supervisa desde DARPA los experimentos realizados en los laboratorios de la Base Aérea Brooks (Texas), las abejas han sido capaces de localizar bombas en 99% de los experimentos realizados.
«Los experimentos han demostrado que las abejas son sensibles a los olores al menos tanto como los perros», añadió. Rudolph explicó al diario «The New York Times» que las abejas han sido entrenadas mediante técnicas de conductismo, en las que un estímulo genera una respuesta, y a cada acierto corresponde un premio: agua azucarada.
La semana próxima se verificará mediante un complejo test la posibilidad de controlar una colonia de abejas mientras vuelan en espacio abierto para seguir las trazas del explosivo. Cuando una abeja «aprende» su «tarea», la enseña a otra en pocas horas y entonces se pueden modificar los objetivos. Los científicos del Pentágono han demostrado que bastan dos horas para reconvertir una colonia de la detección de frutas a la de drinitotolueno -DNT-, un residuo del temible TNT, en concentraciones extremadamente escasas.
En un experimento con doce colonias adiestradas, sólo una o dos abejas se equivocaron. «Las demás -refirió Philip Rodacy de los Sandia National Laboratories de Albuquerque-aprenden la detección a un ritmo de 1.200 por hora».
Coches bomba, minas explosivas o sustancias derivadas del trinitrotolueno (TNT) son fácilmente descubiertos por los sensores especiales que tienen las abejas para reconocer las flores por sus aromas.
Las abejas de miel, Apis melifera, son insectos sociales que miden aproximadamente 1,2 centímetro y viven en colmenas gobernadas por una reina. Liban las flores y extraen polen con el que elaboran miel y jalea real, entre otras sustancias.
Experimentos recientes han demostrado que poseen además una desarrollada capacidad de orientación y que pueden comunicar, mediante la orientación de su vuelo, conceptos complejos acerca de la ubicación de la comida o de los peligros.
Los investigadores proyectan colocar a las abejas en futuros experimentos transmisores del tamaño de un grano de sal, con el fin de poder controlar los insectos a grandes distancias.
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