Al menos 108 muertos por incendios en Australia
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Más de 3 mil bomberos intentan combatir el fuego
"Llevará algún tiempo poder identificar o siquiera conocer el sexo y edad de varias víctimas", indicó el jefe de policía Kieran Walshe.
El primer ministro Kevin Rudd se trasladó a Victoria para tomar contacto directo con la catástrofe. John Brumby, alcalde de Victoria, describió como "infierno en la tierra" la situación en la zona. "La escala de esta tragedia desafía el entendimiento".
"Algunos de esos fuegos sencillamente no fueron posibles de controlar", dijo respecto a la ciudad minera de Bendigo. "Había bomberos que literalmente enfrentaban llamas de una altura de cuatro pisos". Brumby consideró que aún no ha pasado lo peor.
Melbourne registró el sábado un calor récord para un día de febrero, al superar los 46 grados centígrados. En el interior de la ciudad portuaria de tres millones de personas, la temperatura incluso fue superior. "La intensidad del fuego es tan grande que en la mayoría de los casos nuestras tácticas no tienen efecto sobre las llamas", admitió el bombero Greg Anof.
El viento llevó el humo incluso hasta la mayor ciudad de Australia, Sydney, donde se registraron en tres días consecutivos temperaturas de más de 40 grados.
La mayoría de las víctimas se registraron en la ciudad de Kinglake, con 55 muertos. Una mujer contó que en West Kinglake se le vino encima un hombre quemado que tenía a su pequeña hija en brazos. "Estaba tan quemado que le colgaba piel por todos lados, y su hija también estaba quemada, pero no tanto como su padre", contó el diario "The Melbourne Age". El hombre le rogó: "Mire, perdí a mi esposa, a mis otros hijos, la necesito para salvar a mi hija". Los dos viajaron luego juntos a una clínica en una ambulancia.
Peter Mitchell, un residente de esa localidad, dijo a la radio local que confiaba en sobrevivir al infierno junto a otras 200 personas, que se habían refugiado en el parque de bomberos.
"Todo Kinglake está en llamas", dijo durante la llamada a la radio. "Hay llamas por todas partes, los tanques de gas estallan, los edificos están en llamas", contó.
Una reportera de la emisora nacional ABC, a la que trasladaron en un helicóptero extintor de fuego sobre la zona afectada, describió la escena. "Es imposible ver si hay casas y propiedades perdidas porque el humo es tan denso y negro y está tan extendido que sencillamente no se puede acceder hasta ahí en helicóptero", indicó.
La vieja ciudad minera de Marysville, 130 kilómetros al norte de Melbourne, casi desapareció del mapa, informaron medios australianos. Al parecer, queda apenas un puñado de casas de los cerca de 1.000 habitantes. La explosión de varias bombonas de gas empeoró la situación. Una mujer contó que no podía reconocer ya su hogar.
Para frustrar a los incendiarios -se cree que la mitad de los fuegos forestales fueron generados intencionalmente- las autoridades cerraron algunos parques nacionales y pusieron bajo vigilancia a aquellos que consideran pirómanos.
En tanto, en el noreste del país, varios socorristas luchan contra las peores inundaciones en décadas después de fuertes lluvias. Grandes partes de Queensland -alrededor de un millón de kilómetros cuadrados- se vieron afectadas. Decenas de casas resultaron destruidas.




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