Montevideo - Con sus actos de cierre de campaña -anoche, el del blanco Jorge Larrañaga; y hoy, el del frenteamplista Tabaré Vázquez-, los dos candidatos focalizaron en Montevideo -donde se reúne más de la mitad del electorado- su lucha para definir el resultado de las elecciones del domingo, sobre todo, en lo que hace a si será necesario o no recurrir a un ballottage.
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Horas antes de su acto final en la capital, Larrañaga la emprendió contra los sondeos. «Las encuestas las están escribiendo con lápiz porque así es más fácil corregirlas», disparó el candidato de los blancos en un intento de captar los votos de los indecisos y lograr así forzar un ballottage con Vázquez. Es que esos estudios favorecen al candidato de izquierda en guarismos que van desde 49% a 54%, un favoritismo que se vio reforzado por sus recientes movilizaciones tanto en Montevideo como en Canelones.
Igual en el Partido Nacional se cree que, como es tradicional, el interior del Uruguay jugará a su favor, lo que le permitiría llegar a una segunda vuelta el 28 de noviembre. Mientras, el Partido Colorado, tercero en discordia y lejos de la lucha, cerró el lunes su campaña con un deslucido acto.
Para morigerar el impacto que generaron las últimas movilizaciones del Frente, desde las capillas opositoras se dijo que ése es un partido de militantes y, por lo tanto, es natural que a sus actos vaya mucho público. Igualmente, la marcha del sábado en la capital del país sorprendió, incluso, a observadores extranjeros, al punto que ayer desde Estados Unidos se dejó trascender su creencia en un probable triunfo de la izquierda. Al mismo tiempo, se reveló desde allí cierto temor a que se adopten políticas populistas que atenten contra la inversión privada.
• Esperanza
De todos modos, el Departamento de Estado norteamericano mantiene la esperanza de que se afirmen en el Frente Amplio los sectores moderados, como el posible ministro de Economía Danilo Astori, quien quiere imitar el ejemplo del proceso brasileño a partir de la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva. Para el director del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, Miguel Díaz, habrá un voto inicial de confianza al sostener que Estados Unidos «ve a Uruguay como un país ya maduro, y no tiene miedo de que un presidente elegido democráticamente pueda verdaderamente socavar las tradicionales buenas relaciones bilaterales».
Astori es el político con mayor aceptación fuera de su partido, pero dentro de la alianza se encuentra en minoría frente a los sectores más duros como el MPP del senador ex tupamaro José Mújica y los socialistas del senador Reynaldo Gargajo.
Stephen Johnson, analista del centro Heritage Foundation, allegado al Partido Republicano, señaló que «existe preocupación de que Vázquez torne al país más hacia adentro y trate de hacerlo más populista». Sin embargo, se declaró alentado por la designación de Astori.
La crisis económica de 2002 originó el rechazo colectivo hacia la gestión de Jorge Batlle y una inclinación del péndulo social hacia la adopción de políticas populistas. A tal punto incidió este sentimiento colectivo, que el propio candidato de los blancos dejó de lado postulados del tradicional Partido Nacional -base del conservadurismo uruguayo- y adoptó posiciones «progresistas» en algunos temas clave para la economía uruguaya como la incidencia del Estado en el control de las empresas públicas. Su ambigua posición sobre la reestatización de los servicios del agua potable y de saneamiento que se plebiscitará, también este domingo, fue obligadamente adoptada para no perder más posición en las encuestas.
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