Berlín (Europe and World Report) - Las autoridades policiales alemanas implementaron para hoy un operativo especial de seguridad para prevenir probables incidentes en protestas o festejos de parte de los dos millones de turcos que viven en el país, de cara al partido por las semifinales del Mundial de Fútbol entre los equipos de Turquía y Brasil. El alerta se podría extender e incrementar hasta el próximo domingo si el equipo turco se impone y clasifica para la final del torneo, donde enfrentaría a Alemania.
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Algunos jugadores del país euroasiático advirtieron que ese cotejo podría ser la ocasión para «enfrentar el racismo y la discriminación de millones de personas que son vistas como ciudadanos de segunda».
Los temores a incidentes se centran en la capital del país, Berlín, donde, sobre 3.200.000 habitantes, 300.000 -9%- son turcos.
Durante los festejos de cientos de miles de alemanes por el partido ganado ante Corea, los fanáticos ya anticipaban «queremos jugar contra Turquía», en tanto que el popular diario «Bild» anunciaba: «Queridos amigos turcos, queremos jugar contra ustedes».
La integración de la comunidad turca, en su mayoría de religión musulmana y que representa a nivel nacional 2,4% de los más de 83 millones de habitantes del país, se presenta a veces conflictiva, como queda evidenciado en los ataques contra turcos o los incendios de viviendas de familias de ese origen por parte de «cabezas rapadas».
Con todo, dando marco legal a una integración ocurrida de hecho, desde hace menos de dos años los nuevos hijos de turcos con al menos dos generaciones de residencia en Alemania, accederán a la nacionalidad germana y luego, a los 18 años, deberán optar entre ésta y la turca, que les corresponde por el principio de «ius sanguini» (derecho de sangre) imperante en Turquía.
En Alemania también existió este principio de «nacionalidad según la sangre de los padres», por lo cual millones de turcos nacidos durante las últimas décadas no pudieron ser considerados alemanes, aunque ahora se combinará con esta variación del «ius solis» (derecho del suelo).
A esa latente rivalidad que hoy preocupa se suma la presencia de una minoría kurda -el grupo étnico de 20 millones de personas que habita en precarias condiciones principalmente en Turquía, Irak e Irán-y que también tiene presencia en Europa y podría sumar otro foco de conflicto.
Desde el escenario del Mundial, el mediocampista derecho Umit Davala azuzó el ambiente. «Jugar contra Alemania servirá para enfrentar décadas de racismo y discriminación contra millones de inmigrantes» de su país «considerados ciudadanos de tercera y futbolistas vistos como atletas de segunda línea».
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