2 de septiembre 2002 - 00:00

Ataque a Irak abre ahora disputa en la Casa Blanca

Washington y Londres (Reuters, EFE, AFP, DPA) - Amplios sectores políticos estadounidenses criticaron ayer ácidamente a la administración Bush por las discrepancias internas que está revelando en torno a la anunciada guerra contra Irak, que involucra contradictorias declaraciones públicas de sus más altos funcionarios.

La divergencia más reciente fue planteada ayer por el secretario de Estado, Colin Powell, líder del ala moderada del gobierno, que discrepó abiertamente con el vicepresidente Richard Cheney, máximo exponente de los «halcones» de la administración. Contradiciendo los informes de que el regreso de los inspectores de armas de las Naciones Unidas no sería suficiente para que la administración cancele un ataque a Irak, dado que el cambio de régimen será el verdadero objetivo de la ofensiva, Powell dijo ayer que Washington quiere que se dé el «primer paso» para resolver la crisis y que ese paso es la vuelta de esos expertos a Bagdad.

En declaraciones a la cadena de televisión BBC, Powell (quien según la revista «Time» renunciaría hacia el final del mandato de George W. Bush) dijo que el presidente Bush quiere que vuelvan los inspectores, que tuvieron que abandonar el país en diciembre de 1998, para evaluar la capacidad del régimen de Saddam Hussein para producir armas de destrucción masiva.

«Irak ha estado violando muchas de las resoluciones de la ONU durante los últimos 11 años. Así que, como un primer paso, vamos a ver lo que encuentran los inspectores», señaló. Contrariando también la postura de Cheney, quien considera que la falta de apoyo internacional a la incursión no es un obstáculo y que, en última instancia, esa debilidad se corregirá una vez que los EE.UU. inicien las hostilidades, Powell dijo comprender que la comunidad internacional necesita más información sobre la amenaza que supone Saddam antes de decidir lo que se debe hacer.

«Creo que el mundo tiene que tener conocimiento de la información que está disponible» sobre el tema, dijo. «Es necesario un debate con la comunidad internacional para que todos puedan dar su opinión sobre el asunto».

Según analistas, las marchas y contramarchas de la administración republicana han hecho caer el respaldo de la población a un ataque. Según una encuesta divulgada ayer por la cadena televisiva CNN y la revista «Time», el apoyo a una acción militar para derrocar el régimen de ese país es ahora de 51%, contra 70% de diciembre.

En otro frente de conflicto, el diario «The Washington Post» indicó ayer que los militares estadounidenses temen que una guerra contra Irak distraiga los recursos y la atención de la campaña contra Al-Qaeda y el terrorismo.

El diario dice que oficiales militares advirtieron que una campaña de gran envergadura implicará un importante drenaje en mate-ria de inteligencia (aviones espía, satélites y otros recursos) y de unidades de fuerzas especiales.

Los analistas se hallan divididos: mientras para algunos el ataque podría lanzarse antes de diciembre, otros creen que no ocurrirá antes de enero.

Los comentarios de Powell enfatizan la división de opiniones entre los llamados «halcones» del gobierno estadounidense, como Cheney y el secretario de Defensa,
Donald Rumsfeld, que respaldan una acción militar contra Bagdad, y las voces más comedidas que se alzan en Gran Bretaña, que dicen que hacer volver a los inspectores a Irak es la prioridad.

• Insistencia

Powell parece estar del lado del ministro de Relaciones Exteriores británico, Jack Straw, que la semana pasada insistió en que los inspectores de armas eran una prioridad en la política de Londres sobre Irak, y no el «cambio de régimen» en Bagdad que demandan Bush y Cheney. En lo que representa un debate interno muy similar al que tiene lugar en Washington, el primer ministro británico, Tony Blair, está tratando de crear un punto intermedio entre las dos posturas, insistiendo en que deberían tomarse algunas acciones contra Irak, pero rechazando por ahora hacer una especificación sobre cuáles deben ser éstas.

El líder de la oposición conservadora británica, Iain Duncan Smith, salió ayer a explotar la supuesta indecisión de Blair al señalar que el premier ha fallado en explicar al pueblo del Reino Unido que «Irak representa una amenaza concreta para nuestro país», ya que -advirtió- podría usar su armamento terrorista contra nosotros».

Las discrepancias internas en el gobierno de Bush dispararon ayer inéditas críticas de los ex secretarios de Estado republicanos
Alexander Haig y Lawrence Eagleburger. Paralelamente, también salió a terciar en la polémica el embajador norteamericano ante las Naciones Unidas durante el gobierno de Bill Clinton, Richard Holbrooke.

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