Austria inauguró este miércoles una comisaría en la casa donde nació Adolf Hitler, en la ciudad de Braunau am Inn, cerca de la frontera con Alemania. La medida apunta a resignificar uno de los sitios más controvertidos del país y desalentar las peregrinaciones de simpatizantes neonazis que, durante años, convirtieron el edificio en un lugar de culto.
Austria convirtió la casa natal de Adolf Hitler en una comisaría para desalentar el turismo neonazi
El edificio donde nació el dictador en 1889 fue remodelado tras una inversión de 20 millones de euros y ahora alberga una dependencia policial. La decisión busca impedir que el lugar siga siendo un punto de encuentro para grupos de extrema derecha.
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La casa donde nació Adolf Hitler en Braunau am Inn fue transformada en una comisaría para desalentar las peregrinaciones neonazis y resignificar uno de los sitios más controvertidos de Austria.
El inmueble del siglo XVII, donde Hitler nació el 20 de abril de 1889, fue sometido a una profunda remodelación que demandó una inversión de 20 millones de euros. La fachada amarilla original fue reemplazada por un diseño blanco y sobrio, mientras que en la entrada se instaló el emblema de la policía austríaca. Frente al edificio permanece una placa con la inscripción: "Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más el fascismo. Millones de muertos nos lo recuerdan".
El acto de inauguración contó con la presencia del ministro del Interior, Gerhard Karner, el alcalde Johannes Waidbacher y un centenar de asistentes, entre ellos unos 30 efectivos policiales.
Un edificio marcado por la historia
Las autoridades sostienen que la nueva función del inmueble representa una forma de asumir el pasado y evitar que el edificio continúe siendo un símbolo para grupos extremistas. La propiedad pertenecía a una familia desde 1912 y, a partir de 1972, fue alquilada por el Estado para instalar un centro destinado a personas con discapacidad, uno de los colectivos perseguidos durante el régimen nazi.
Sin embargo, la presencia recurrente de neonazis llevó al Gobierno austríaco a impulsar su expropiación. La propietaria se opuso a la medida, por lo que el Parlamento aprobó una ley especial en 2016 y, tres años después, la Corte Suprema avaló la compra del inmueble por 810.000 euros.
Durante el proceso se evaluaron distintas alternativas, entre ellas la demolición del edificio. Esa posibilidad fue descartada por especialistas, quienes consideraron que Austria debía preservar el lugar como parte de su memoria histórica, aunque sin convertirlo en un sitio de homenaje.
Persisten las críticas por la decisión
El Gobierno sostiene que destinar el edificio a una comisaría deja en claro que no se tolerarán manifestaciones vinculadas al nacionalsocialismo. No obstante, la decisión no logró consenso.
Robert Eiter, integrante del Comité Austríaco de Mauthausen, una organización de sobrevivientes del campo de concentración, afirmó que la transformación "no disuadirá a ningún neonazi" que pretenda visitar el lugar y se mostró escéptico respecto de la capacidad de la medida para eliminar su valor simbólico.
La inauguración se produce además en un contexto de crecimiento de la extrema derecha en Austria. Según una encuesta publicada por el diario Kronen Zeitung, el partido FPÖ -fundado por antiguos miembros del nazismo y actualmente en la oposición- alcanza el 38% de intención de voto, por encima del casi 29% que obtuvo en las elecciones legislativas de 2024.



