ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

7 de octubre 2002 - 00:00

Avatares de la elección

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Sin embargo Lula aprovechó bien el auxilio de Jesse Jackson, quien participó de actos con él, invitado por la Iglesia Bautista -confesión a la que pertenece el ex precandidato demócrata-: delante de este pastor fue que Da Silva se comparó con Cristo. «La misma elite que tuvo prejuicios con él es la que los tiene con nosotros» dijo. El mexicano Cuauhtémoc Cardenas fue otro de los izquierdistas latinoamericanos que acompañó al PT en la campaña.


• El jueves por la noche, Lula y su equipo fueron a comer al restorán «Ostería dell'Angolo», en Rio de Janeiro. Duda Mendonça creyó que bien merecía descorcharse un borgoña Romanee-Contí (u$s 2.000 la botella) para festejar la seguridad del triunfo. El candidato comió esa noche fideos con trufas blancas, una especialidad de esa clásica y refinada casa italiana. No faltaron tampoco los puros. Todo para indicar que el cambio de Lula afectaba también sus pautas de consumo. La clase media brasileña sigue con minuciosidad estos detalles, que denotan un cambio que, tal vez, se produjo también en el cerebro político de Lula. Como si hubiera sucumbido a la élite. También Marisa Leticia, la mujer del sindicalista, adoptó algunas costumbres de la burguesía paulistana, sabiamente inculcadas por Marta Suplicy, una especie de madrina en esta iniciación de la pareja petista. Ella indujo a Marisa a que se entregara a su cirujano plástico, que la dejó casi como una réplica de la alcaldesa de San Pablo. En las fiestas que suele dar en su residencia de la calle Grecia (Jardín Europa, una especie de Barrio Parque paulistano), Lula se hizo amigo de Ivo Rosset y Eleonora Mendes Caldeira, dueños de «Valisére», fuerte empresa textil conocida por la lencería. El esposo de la Suplicy, el ex trotskista argentino Luis Favre (née Huermus), hermano de Jorge Altamira, lo vinculó también con Eugenio Staub, dueño de la empresa de electrónica «Gradiente», que le aportó unos buenos millones de reales a la campaña. Favre mere-ce un capítulo aparte: detectó enseguida que el corazón de esta campaña del PT sería la publicidad. Se pegó, entonces, a Duda Mendonça y ahora piensa en fundar su propia empresa de marketing político con el «know how» adquirido en estos meses. Las vinculaciones con los Suplicy-Favre ayudan tal vez a despejar la principal incógnita del futuro esquema de poder de Lula: si pondrá a su merced a la burocracia partidaria, como hizo Marta en el gobierno de la municipalidad de San Pablo, o será sometido por ella, como le ocurrió a Luiza Erundina entre 1989 a 1992, en el mismo cargo.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias